Y más malabares, realmente inéditos en su día

Segunda tanda de liquidaciones de Bibliostock de libros militares para aficionados al ruido y al jolgorio en forma de balas y petardos.

De nuevo a la venta ejemplares de La marcha de la muerte, aunque en edición bolsillo. Buen sabor de boca deja esta crónica sobre la retirada de Moore, un antecesor de Wellington poco afortunado. Transcurre por la exótica “ruta de la plata” de Extremadura a Galicia pasando por León. Pueden leer aquí la reseña que le hice en su día, y de la que me reafirmo.
Del resto de libros que componen esta segunda tanda de saldos no llegué a reseñar más, si bien me había leído unos cuantos. Norte contra Sur, de Jesús Hernandez, por ejemplo, ha sido hasta la reciente publicación por Turner de Secesión de Keegan, la única historia de la guerra civil estadounidense disponible en castellano.
La ventaja de su libro respecto a los traducidos es evidente desde las primeras páginas ¿Cuántos autores anglosajones recordarían siquiera los orígenes menorquines de Farragut, o prestarían atención a los españoles que participaron en esta guerra? Lo he vuelto a ojear, y me sigue pareciendo un muy buen libro, para nada envejecido.
No se puede decir lo mismo de este librito de autor francés sobre la ¿segunda? intifada, denominado La guerra fallida de Israel contra Hezbolá. Ya en su día rechinaba un poco. Cumple, con no demasiada solvencia, la labor de defender a Israel en este conflicto. A su favor, que es muy breve. Sólo para los muy completistas del enfrentamiento árabe-israelí.
Más enjundia muestra Herzog en su narración de La guerra del Yom Kippur. En su día me pareció demasiado centrado en las operaciones terrestres, teniendo en cuenta que el icono de este conflicto son las operaciones aéreas, con Phantoms y Mirages destruyendo Migs. Con los años me doy cuenta de que era un prejuicio mío, ahora soy mucho más  consciente del valor de la infantería. De nada sirve la guerra aérea en una guerra convencional si no existen unas tropas en tierra que puedan aprovecharla, como se ha visto recientemente en Siria e Irak. Recomendable.
Publicado gracias a su adaptación cinematográfica, Indigènes, cuyo título internacional intentaba recordar  a Glory / Tiempos de gloriaDías de gloria recuerda un hecho poco halagador para nuestro vecino del norte, que la mayoría de “franceses libres” que combatieron contra Alemania de 1940 a 1944 fueron norteafricanos musulmanes, con oficiales franceses y pieds-noirs.
Y eso es todo, de momento.
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A la sombra del convoy

Guión de Toussaint, dibujo de Beroy: A la Sombra del Convoy.Tamaño: 23,5 x 31 Páginas: 96,  Color Encuadernación, Cartoné del bueno. ISBN: 978-84-679-2605-7 PVP: 22,00 €

Esta es una historia belga. Quizás por ello poco conocida fuera de este país. E incluso allí cada vez menos, pues las comunidades valona y flamenca mantienen visiones contrapuestas sobre la segunda guerra mundial, y en ninguna de las dos ajustan del todo estos hechos.
De todas formas, la historia del convoy número 20 lo cuenta mucho mejor esta página dedicada a los hechos,  o la misma wikipedia. Es el único ataque a un tren de deportados hacia Auschwitz realizado por la resistencia de un país occidental: los perpetradores, tres jóvenes de una minúscula organización de la resistencia (CDJ). Equipados con una pistola, una lámpara y papel rojo para simular una luz de emergencia, pararon en medio de la noche un tren con 1631 judíos con destino a Auschwitz, custodiados por una compañía de la  OrPo (policía militarizada alemana), unos 50 hombres armados con fusiles.
La historia de Toussaint, dibujada por Beroy, parte más o menos de los hechos reales para relatar una impactante historia de las relacciones más bien complicadas, entre los que asaltan el convoy, los que lo custodian, y quienes van encerrados en los vagones de ganado. No llega al nivel, digamos, de Memento, pero sí es algo complicadilla, pues abarca cuatro líneas temporales y una docena de personajes (tres principales).
Sigo a Beroy desde sus épicos inicios en las revistas de Tountain, en glorioso blanco y negro, y a primera vista no me parecía que fuera el más indicado para un tebeo de estas características, pero he de decir que realiza adecuadamente su labor, e incluso se cuida de dibujar el emblema de la OrPo en los cascos alemanes, o unos Typhoons que podría firmar Hugault.
Aparte del prólogo de uno de los supervivientes salvados del convoy y un par de páginas, poco más hay del concepto tradicional de “comic histórico” al que nos tiene acostumbrados el tebeo francófono. Historia redonda, autoconclusiva, de personas, prejuicios y malentendidos amorosos más que de guerras u holocaustos, merece un lugar en nuestras estanterías.

Los desertores de Stalin. Cómo los soldados del ejército rojo terminaron colaborando con Hitler

Edele, Mark: Stalin’s Defectors: How Red Army Soldiers became Hitler’s Collaborators, 1941-1945. Oxford University Press, Oxford, 2017. 254 páginas 70 € (más o menos). Versión digital, 49 €,

Bonus pack: https://iremember.ru/en/

Cuando en 1998 Beevor publicó su libro sobre Stalingrado, una de las novedades que presentaba ante sus lectores era el enorme número de exprisioneros del ejército rojo que colaboraban, e incluso combatían con el ejército alemán. Otra de las tesis sostenidas mayoritariamente por entonces, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, era que el ejército de la Unión Soviética, después de las enormes pérdidas de 1941, debidas a motivos puramente militares, se había convertido en un ejército fuertemente concienciado políticamente, con una enorme proporción de miembros del partido y de sus juventudes, y que gracias a su entusiasmo socialista había alcanzado la victoria.

Ambas afirmaciones no es que fueran contradictorias, sino que habrían más interrogantes de los que cerraban. ¿Por qué tomaron los alemanes al comienzo de Barbarroja a tantísimos prisioneros? ¿No se suponía que el ejército rojo, después de las purgas, estaba formado sólo por fanáticos estalinistas? ¿Por qué el NKVD seguía siendo tan enorme? ¿Cuántos se rendían sin disparar un solo tiro? ¿Cuántos cruzaban las líneas, desertando sin más? ¿Cuántos, de ambos colectivos, colaboraron con las fuerzas armadas alemanas? ¿Por qué motivos? ¿Cuántos, incluso, cogieron las armas contra sus antiguos compatriotas?
Las respuestas las proporciona en este librito Mark Edele, historiador alemán que desde la universidad de Australia Occidental lleva años desentrañando el alma soviética del siglo XX. El punto de partida lo pone en Ivan Kononov, un comandante de cosacos que se entregó con toda su unidad sin entrar en combate, y que tras varias peripecias colaborando con la Wehrmacht, y en la lucha antipartisana en Yugoslavia y norte de Italia, terminó en Australia, intentando hacerse útil ante el ejército australiano en la guerra fría.
Fuera de quienes se dejen llevar por sus anteojeras ideológicas, las conclusiones de Edele son sólidas y están perfectamente justificadas. No es imposible, pero sí muy improbable que aparezcan nuevas fuentes documentales sobre esta cuestión, pues si bien los archivos soviéticos en la práctica están cerrados a los extranjeros, Edele ha consultado en este caso las copias de los expedientes de los interrogatorios de los travniki y otros colaboracionistas que compró en su día el Us Holocaust Memorial Museum.  Eso sí, no busquen un análisis cuantitativo exhaustivo, pues llevaría décadas. No están todos los expedientes que guardan los soviéticos, pero sí miles de ellos, cada uno de ellos de decenas o centenares de páginas, escritas muchas veces a mano. Aparte están los interrogatorios realizados por los alemanes, abundantes a partir de marzo de 1942. El gran agujero es Barbarroja, pero en 1941 a la Wehrmacht le importaba poco que los prisioneros se hubieran rendido o hubieran desertado voluntariamente, estaba demasiado ocupada intentando ganar una Blitzkrieg, y la URSS el no perderla. Aunque algún mandamás del Abwehr o de la GFP hubiera querido saber el número exacto de prisioneros tomados en los primeros meses, y sus motivaciones, le habría resultado tremendamente difícil, aun contando con recursos suficientes, saber las motivaciones de los ivanes, pues casi el 80% se rindieron en embolsamientos sin disparar un sólo tiro. En 1941, por cada soldado soviético muerto en combate, había tres o cuatro que preferían rendirse. No sabían qué trato les darían los alemanes, pero sí lo que dejaban en la retaguardia.
Las conclusiones de Edele señalan que, incluso al final de la guerra, una minoría significativa de los prisioneros del frente del este eran desertores, que cruzaban voluntariamente las líneas enemigas. Establece un mínimo del dos por ciento, que pueden parecer pocos, pero incluso ese mínimo dos por ciento supone centenares de miles de hombres que tomaron voluntariamente la decisión de cruzar las líneas enemigas para entregarse en manos de los invasores de la madre patria, con un considerable riesgo para sus vidas. Otro millón y medio desertaron hacia el interior de la URSS, y fueron detenidos por los servicios de seguridad soviéticos. Unos 212.000 tuvieron más suerte y consiguieron ocultarse entre la población civil, y no fueron encontrados.
En comparación, en los ejércitos occidentales desertaban un 0,02 % de soldados, pero sólo hacia su segura retaguardia. En la práctica el Us Armysólo fusiló a un desgraciado por negarse a reincorporarse al frente, una historia bastante conmovedora que contó Maclean hace tiempo.
Como siempre, ver sólo los porcentajes puede resultar engañoso, pues cuando menos prisioneros se capturan, la proporción de los desertores aumenta, y sorprende comprobar, por ejemplo, que en la segunda mitad de 1944 nada menos que el diez por ciento de los prisioneros capturados por una Wehrmacht en retirada eran desertores.
Las tasas de rendición del ejército rojo lógicamente fueron disminuyendo, pero siempre fueron mayores que las del resto de contendientes. Consuelo para los sovietófilos: son semejantes a las de la primera guerra mundial. Hasta el mismo año de 1945 fue un problema importante, y la principal preocupación del NKVD. Pero igual que no todo el ejército soviético era un bloque motivado por el amor a la patria y al padrecito Stalin en la lucha contra el invasor fascista, los desertores no eran heroicos resistentes contra la barbarie comunista y los opresores nacionalistas rusos, sino que respondían a sus propios intereses. Como señaló un interrogador alemán en marzo 1942, si todo lo que contaban los desertores fuera cierto, hace tiempo que toda la URSS habría muerto de hambre y frío. Los desertores tendían a contar  lo que creían que querían oír los alemanes, a quienes poco interesaba el que les contasen su propia propaganda, y sólo buscaban información táctica útil.
No me alargo más, por no caer en spoilers. En definitiva, con el permiso de Reese, un interesantísimo estudio, fundamental para entender el frente principal de la segunda guerra mundial, y el fenómeno de los hiwis, que ante todo buscaron sobrevivir entre los dos estados totalitarios más poderosos que haya conocido el planeta. No lo tuvieron fácil. Más que héroes o traidores, fueron seres humanos atrapados entre dos enormes organizaciones sobre las que no sintieron ninguna lealtad, pues a su vez nunca sintieron que les importase su vida. Eran carne de cañón para ambos lados del frente. Complementar esta lectura con el tocho reciente de Thomas Kühne, o con el estudio del mismo Edele de la sociedad estalinista es voluntario, pero casi obligatorio para quien escribe estas líneas. Seguiremos informando.

La caída de Francia y la Blitzcosa, de Lloyd Clark

LLOYD CLARK: BLITZKRIEG. Mito y realidad en la guerra relámpago de Hitler: Francia, 1940. Editorial Pasado & Presente Barcelona 2017. (Atlantic Monthly Press, Nueva York 2016) Traducción de Gonzalo García. 474 pgs. Cartoné y sobrecubierta, 39 €

Doctrina,  doctrina, doctrina. El autor es uno de esos apasionados por la doctrina. Si alguien no lo ha pensado antes, no lo ha puesto por escrito y no ha desarrollado unos manuales y procedimientos,  los militares no saben que existe. Es casi justo lo contrario de Frieser, el gran desmitificador de la Blitzkrieg, allá por 1995. Se agradece en todo caso la introducción teórica, no exhaustiva pero sí significativa. Pero mantiene una de las omisiones más fragrantes de Frieser: Polonia. Que sí, que lo de invadir Austria aun sin pegar un sólo tiro fue muy importante a la hora de desplazar tantísimos vehiculos tantísima distancia, pese a que eran recibidos con flores y banderitas. Y ocupar los Sudetes y después Chequia también. Pero como siempre Polonia se despacha con dos líneas. Ese mes combatiendo contra un enemigo real parece que fue menos importante para el desarrollo de la Blitzcosa que las excursiones pacíficas a Viena y Praga.

Por lo demás, estamos ante una excelente y actualizada obra sobre la Blitzkrieg, digamos al estilo Beevor, que combina movimientos militares con testimonios de gente corriente que vivieron en la época. Claro que hay una diferencia inmensa con, por ejemplo, Cornelius Ryan, que pudo hablar con la mayoría de los protagonistas de sus libros, mientras ahora debemos conformarnos con el testimonio de los poquísimos que, simplemente, aún estaban vivos cuando los interrogó el autor, fundamentalmente por haber sido entonces muy jovencitos.

Se agradece la exposición bastante detallada de la doctrina francesa, y no sólo la descripción de las poderosas fuerzas alemanas. Digamos que cada país se preparó para una guerra distinta, pero una vez comenzados los tiros el ser metódico (y lento) no sirve de mucho cuando no sabes dónde está tu oponente, o lo rápido que se mueve. Aunque en las batallas de junio y en los fuertes de la Maginot los franceses demostraron que sabían combatir, era ya demasiado tarde como para conseguir algo más que retrasar algo la derrota.

Siendo el autor inglés, hay una constante voluntad exculpatoria de las responsabilidades de su nación en la derrota. Ah, y sus soldados son los únicos sobre los que cometen crímenes de guerra los despiadados Waffen-SS, sin que mencione para nada otros sucesos, ya que las víctimas no eran inglesas.

Que por supuesto, la derrota es fundamentalmente francesa, y que sí, que Francia y el Reino Unido eran muy débiles en 1937 y 1938… pero ¿y si lo comparamos con la Wehrmacht de entonces, que por ejemplo aún no tenía nada más potente en tierra que treinta Pzkpfw III? Tampoco dedica demasiado a la cuestión de la neutralidad belga, que por un lado motivó que aumentasen su gasto en defensa, pero por otro propició la pasividad aliada, pues no había más remedio entonces que esperar a la agresión alemana para operar en su territorio. ¿Una actitud más decidida del Reino Unido podía haber cambiado las cosas? Chi lo sa. 

En la descripción de las acciones bélicas sigue una buena mezcla de fuentes ‘antiguas’ (Lidell Hart, Churchill, Colville a fin de cuentas son primarias, pero no Horne o Williams),  con ‘nuevas’ como Doughty, Frieser, Citino, Robert Kershaw… Cielos, parece que ha sido Ediciones Salamina (antes Platea) quien ha patrocinado la realización de este libro, pues una buena cantidad de sus referencias las han traducido ellos…

El tratamiento de la famosa orden de detener a las divisiones blindadas ante Dunkerque, y dejar la labor únicamente en manos de la Luftwaffe es de lo más novedoso de esta obra, y permitan que no se lo destripe aquí. Digamos que no se trata sólo de quién firmó la orden, sino las discusiones y los motivos para hacerlo.

Las conclusiones son jugosas, aun sin ser revolucionarias. Los mandos franceses no eran irresponsables, incompetentes o necios; sobre todo, eran los elegidos por los políticos para el mando. Los alemanes ganaron más por cómo usaron los medios que tenían, que no por la calidad de los mismos. Aunque Clark no lo mencione, las tropas aliadas contaban con más medios de transporte y de combate motorizados y sobre orugas que no los alemanes, aparte del tópico de siempre de comparar cañones y corazas. Lo que sí resalta es la importancia de la logística alemana, que permitió que no se frenara el avance por falta de combustible o munición. Más que recordar la calidad y ventaja numérica de la Luftwaffe, Clark resalta sobre todo su impacto psicológico, mayor que el efectivo. Hacían más daños las trompetas de Jericó que no las bombas.

Vamos, que no está mal, pero no es un Bergström  (o un Frieser). Es más bien pues eso, un ‘Beevor’, también mucho más legible para quienes les aburren tanto movimiento de tropas. Pero claro, Bergström no cometería errores como escribir que la división de caballería alemana (sólo había una) estaba motorizada, o que la mitad de los carros de Rommel eran checos, y la otra mitad Pz III y IV.

La traducción y edición, excelentes, por fin una traducción sin “señaleros” mandando mensajes, o “pioneros” colocando puentes. En las notas se indican las ediciones que ha empleado el autor, pero en la bibliografía se han localizado los títulos traducidos al español, un trabajo que siempre es de agradecer, más aún cuando ninguno pertenece a esta editorial.

Este trabajo, por supuesto, tiene un precio. 478 páginas (incluyendo las de cortesía), por 39 euros. El Barbarroja de Bergström de la misma editorial, publicado el año pasado, también salió a 39 euros, aunque tiene 100 páginas más, 592. El de las Ardenas, de 800 páginas, en 2015… sí, también salió a 39 euros… Ahora está disponible en tapa blanda. Menos mal.

Aquí comprobando fuentes. Curioso, los diarios de Colville ¡están traducidos! No dejará de asombrarme la devoción churchilliana de los editores españoles.

De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia…

 

 

Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.

 

A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando…

El invierno no es tu camarada

camarada-inviernoXose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama “nueva historia militar”, una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos “de las mentalidades” lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.
Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas… (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío.
Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos…) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas…). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer.
Y no es para tanto. No me parece que Xeisas “mate al padre” con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza.

El rodaje de "Amberes 1944" comenzará en septiembre

Tras una dura pugna con Dreamworks Playtone (de Tom Hanks), Cruise/Wagner Productions se ha hecho con los derechos de Antwerp 1944, una guionización del libro del mismo título, publicado por la Editorial Almena el año pasado.

Aunque Tom Hanks se retiró de la puja, seguramente por lo avanzado de su proyecto In the Garden of Beasts, aún es posible que se incorpore al reparto en el papel de Christoph Klemens Maria Johannes Baptist Graf zu Stolberg-Stolberg, pues le resultaría imposible desarrollar el que más le interesaba, como el ecuánime Von der Heydte.

El reparto, a falta de algún imprevisto, ya está prácticamente decidido. Tom Selleck volverá a ser Dwight D. Eisenhower, y Bruce Phillips, Montgomery. Las valientes enfermeras amberinas, de momento serán Megan Fox, Jennifer Lawrence, Kate Beckinsale y Emilia Clarke, con la posible participación de Clara Lago si se confirma la coproducción española. En este caso es posible que Dani Rovira tenga un papel como el capitán canadiense novato Cecil Law.

Brad Pitt en el papel de “Pip” Roberts, aunque en la ficción mandará una división estadounidense.

Brad Pitt encarnará a “Pip” Roberts, y aún no se ha decidido quién interpretará a Colson, pero el papel estelar se lo reserva Tom Cruise, que representará al intrépido y atractivo escritor que, en la actualidad, investiga la batalla y va encontrando las claves que han silenciado su auténtica importancia. Una conspiración multinacional del silencio, cuyo misterio se revelará sorprendentemente en el último minuto, aunque dejará varias puertas abiertas para continuar como franquicia. Está prevista una serie de dibujos animados, álbum de cromos, línea de juguetes y figuras articuladas coleccionables.

Tom Cruise, en el papel del intrépido historiador Paul Caves.

Antes del interés internacional por el proyecto, Daniel Calparsolo estuvo perfilando un proyecto más modesto, con Nicolas Cage de protagonista y  Najwa Nimri, Patricia Vico y Cristina Pedroche como enfermeras.

Kate Beckinsale en una prueba de vestuario.

El autor está en la actualidad en Bali, preparando la segunda parte, mientras reforman el torreón que se ha comprado en el Bierzo. Una de las partes más difíciles de la negociación fue que aceptase que todos los textos, carteles, etc., que aparecen en la película estuvieran en inglés y no en los idiomas correspondientes, y que no le dejaran diseñar los títulos de crédito. “Deseamos que se estrene en esta década”, se han justificado los productores. “Si esperamos a que Cuevas seleccione la tipografía para los títulos de crédito, difícilmente terminaríamos antes del 2020. Es posible incluso que antes actualice el diseño de su blog”.

<El rodaje comenzará en septiembre, de 2016, pero el estreno se demorará al menos otros dos años, ya que en lugar de CGI la mayoría de escenas de acción se realizará de forma tradicional, con maquetas y modelos a escala realizadas por un equipo dirigido por Antonio Martín Tello, aparte de la colección de Shermans que ha reunido Brad Pitt, y el P-51 propiedad de Tom Cruise.

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