Los desertores de Stalin. Cómo los soldados del ejército rojo terminaron colaborando con Hitler

Edele, Mark: Stalin’s Defectors: How Red Army Soldiers became Hitler’s Collaborators, 1941-1945. Oxford University Press, Oxford, 2017. 254 páginas 70 € (más o menos). Versión digital, 49 €,

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Cuando en 1998 Beevor publicó su libro sobre Stalingrado, una de las novedades que presentaba ante sus lectores era el enorme número de exprisioneros del ejército rojo que colaboraban, e incluso combatían con el ejército alemán. Otra de las tesis sostenidas mayoritariamente por entonces, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, era que el ejército de la Unión Soviética, después de las enormes pérdidas de 1941, debidas a motivos puramente militares, se había convertido en un ejército fuertemente concienciado políticamente, con una enorme proporción de miembros del partido y de sus juventudes, y que gracias a su entusiasmo socialista había alcanzado la victoria.

Ambas afirmaciones no es que fueran contradictorias, sino que habrían más interrogantes de los que cerraban. ¿Por qué tomaron los alemanes al comienzo de Barbarroja a tantísimos prisioneros? ¿No se suponía que el ejército rojo, después de las purgas, estaba formado sólo por fanáticos estalinistas? ¿Por qué el NKVD seguía siendo tan enorme? ¿Cuántos se rendían sin disparar un solo tiro? ¿Cuántos cruzaban las líneas, desertando sin más? ¿Cuántos, de ambos colectivos, colaboraron con las fuerzas armadas alemanas? ¿Por qué motivos? ¿Cuántos, incluso, cogieron las armas contra sus antiguos compatriotas?
Las respuestas las proporciona en este librito Mark Edele, historiador alemán que desde la universidad de Australia Occidental lleva años desentrañando el alma soviética del siglo XX. El punto de partida lo pone en Ivan Kononov, un comandante de cosacos que se entregó con toda su unidad sin entrar en combate, y que tras varias peripecias colaborando con la Wehrmacht, y en la lucha antipartisana en Yugoslavia y norte de Italia, terminó en Australia, intentando hacerse útil ante el ejército australiano en la guerra fría.
Fuera de quienes se dejen llevar por sus anteojeras ideológicas, las conclusiones de Edele son sólidas y están perfectamente justificadas. No es imposible, pero sí muy improbable que aparezcan nuevas fuentes documentales sobre esta cuestión, pues si bien los archivos soviéticos en la práctica están cerrados a los extranjeros, Edele ha consultado en este caso las copias de los expedientes de los interrogatorios de los travniki y otros colaboracionistas que compró en su día el Us Holocaust Memorial Museum.  Eso sí, no busquen un análisis cuantitativo exhaustivo, pues llevaría décadas. No están todos los expedientes que guardan los soviéticos, pero sí miles de ellos, cada uno de ellos de decenas o centenares de páginas, escritas muchas veces a mano. Aparte están los interrogatorios realizados por los alemanes, abundantes a partir de marzo de 1942. El gran agujero es Barbarroja, pero en 1941 a la Wehrmacht le importaba poco que los prisioneros se hubieran rendido o hubieran desertado voluntariamente, estaba demasiado ocupada intentando ganar una Blitzkrieg, y la URSS el no perderla. Aunque algún mandamás del Abwehr o de la GFP hubiera querido saber el número exacto de prisioneros tomados en los primeros meses, y sus motivaciones, le habría resultado tremendamente difícil, aun contando con recursos suficientes, saber las motivaciones de los ivanes, pues casi el 80% se rindieron en embolsamientos sin disparar un sólo tiro. En 1941, por cada soldado soviético muerto en combate, había tres o cuatro que preferían rendirse. No sabían qué trato les darían los alemanes, pero sí lo que dejaban en la retaguardia.
Las conclusiones de Edele señalan que, incluso al final de la guerra, una minoría significativa de los prisioneros del frente del este eran desertores, que cruzaban voluntariamente las líneas enemigas. Establece un mínimo del dos por ciento, que pueden parecer pocos, pero incluso ese mínimo dos por ciento supone centenares de miles de hombres que tomaron voluntariamente la decisión de cruzar las líneas enemigas para entregarse en manos de los invasores de la madre patria, con un considerable riesgo para sus vidas. Otro millón y medio desertaron hacia el interior de la URSS, y fueron detenidos por los servicios de seguridad soviéticos. Unos 212.000 tuvieron más suerte y consiguieron ocultarse entre la población civil, y no fueron encontrados.
En comparación, en los ejércitos occidentales desertaban un 0,02 % de soldados, pero sólo hacia su segura retaguardia. En la práctica el Us Armysólo fusiló a un desgraciado por negarse a reincorporarse al frente, una historia bastante conmovedora que contó Maclean hace tiempo.
Como siempre, ver sólo los porcentajes puede resultar engañoso, pues cuando menos prisioneros se capturan, la proporción de los desertores aumenta, y sorprende comprobar, por ejemplo, que en la segunda mitad de 1944 nada menos que el diez por ciento de los prisioneros capturados por una Wehrmacht en retirada eran desertores.
Las tasas de rendición del ejército rojo lógicamente fueron disminuyendo, pero siempre fueron mayores que las del resto de contendientes. Consuelo para los sovietófilos: son semejantes a las de la primera guerra mundial. Hasta el mismo año de 1945 fue un problema importante, y la principal preocupación del NKVD. Pero igual que no todo el ejército soviético era un bloque motivado por el amor a la patria y al padrecito Stalin en la lucha contra el invasor fascista, los desertores no eran heroicos resistentes contra la barbarie comunista y los opresores nacionalistas rusos, sino que respondían a sus propios intereses. Como señaló un interrogador alemán en marzo 1942, si todo lo que contaban los desertores fuera cierto, hace tiempo que toda la URSS habría muerto de hambre y frío. Los desertores tendían a contar  lo que creían que querían oír los alemanes, a quienes poco interesaba el que les contasen su propia propaganda, y sólo buscaban información táctica útil.
No me alargo más, por no caer en spoilers. En definitiva, con el permiso de Reese, un interesantísimo estudio, fundamental para entender el frente principal de la segunda guerra mundial, y el fenómeno de los hiwis, que ante todo buscaron sobrevivir entre los dos estados totalitarios más poderosos que haya conocido el planeta. No lo tuvieron fácil. Más que héroes o traidores, fueron seres humanos atrapados entre dos enormes organizaciones sobre las que no sintieron ninguna lealtad, pues a su vez nunca sintieron que les importase su vida. Eran carne de cañón para ambos lados del frente. Complementar esta lectura con el tocho reciente de Thomas Kühne, o con el estudio del mismo Edele de la sociedad estalinista es voluntario, pero casi obligatorio para quien escribe estas líneas. Seguiremos informando.
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Sólo para gourmets

Hay otros libros sobre las Waffen SS, pero no están dentro de este. Y mira que es grueso.

Jean-Luc Leleu: Waffen SS. Historia completa de las tropas más temidas de la Segunda Guerra Mundial. Traducción de
Carlo Caranci de La Waffen-SS : Soldats politiques en guerre (2010). La esfera de los libros, Madrid 2013. ISBN 9788499708942. 1 300 páginas, cartoné. 39 €

En nuestro idioma se han publicado muchísimos libros sobre las Waffen SS. La mayoría están profusamente ilustrados, a veces con pies de foto correctos. Con una excepción, que yo sepa, todos mantienen su puntito de políticamente correctos, recordando en un párrafo (o dos páginas) alguna de las atrocidades más famosas cometidas por estas tropas.

 Generalmente, el texto está redactado para un público culturalmente anglófono, y trazan una historia más o menos coherente sobre el nacimiento y desarrollo de este ejército político privado, reflejando de paso algunas de las fobias y filias del autor, sobre algún personaje o unidad. Casi siempre se incluye una guía de equipamiento, insignias y uniformes, que en realidad muchas veces son lo que motivan su compra por parte de modelistas, pintores de figuras o coleccionistas.

 La obra de Leleu se sitúa en las antípodas de esos libros.

Mil trescientas páginas, y casi dos kilos de peso. Sin fotos en la edición española, aunque con un apéndice de noventaipico páginas de gráficos y estadísticas; por algo Leleu trabaja en el Centro de Investigación de Historia Cuantitativa de la Universidad de Caen.  De hecho, aunque no sé si al mencionar esto aumento o disminuyo su atractivo, de esas 1 300 páginas unas cuatrocientas son de notas, bibliografía y apéndices. Sin índice analítico. Y todas ellas para narrar lo que el editor llama “la historia completa de las tropas más temidas de la segunda guerra mundial,” aunque no en el sentido usual del término. Nada de desarrollos de la institución, batallas, o mapas con unidades moviéndose en campañas. Nada de anécdotas de veteranos, o citas de generales. Aunque el traductor se esfuerza en hacer el libro más accesible, con notas sobre qué pasó en Dieppe en 1942, o dónde está la Turquía Suaba, aquí nadie te explicará qué era el HSSPF o la Reichsfürung-SS. Cuando se mencione a Berger, a Eicke o a Hausser, no digamos Dietrich o Panzermeyer, el autor da por sabido que conocemos perfectamente no ya su biografía, sino el cargo concreto que ocupan en las fechas en las que los menciona. Aparte de la cronología, también da por sabida la bibliografía anterior. Los debates, ya muy superados, entre admiradores y detractores de los Waffen-SS, aquí ascienden a otro nivel: la comparación con las ya no tan impolutas fuerzas armadas alemanas.

 No es un libro para pusilánimes. Como las Waffen-SS en sus inicios (es decir, cuando no se llamaban así) es ferozmente elitista y sólo está al alcance de los elegidos; de hecho, es la tesis doctoral de Leleu, no sé si ampliada o sólo actualizada, ya que integra con soltura la bibliografía más reciente, incluso las obras  aún no publicadas de autores como Trang. Al mismo tiempo es muy respetuoso con autores de los años sesenta, como Höhne o George Stein, y considera que su trabajo apenas ofrece matizaciones sobre los anteriores.

Pero qué matizaciones… las diversas facetas del reclutamiento se llevan 350 páginas. El equipo no llega a cien, mientras los aspectos morales e ideológicos las superan ampliamente. No sigo desgranando el índice, que a fin de cuentas está a disposición de cualquier posible comprador; baste advertir aquí que no encontraremos combates o listas de unidades. Esto es historia cuantitativa, y lo que importan son los datos, puros y duros, y cómo interpretarlos. Por poner un ejemplo, el lector se enfrentará a la paradoja de que la mayoría de miembros de las SS generales antes y durante la guerra prefirieron incorporarse a la Wehrmacht, y no a su propio brazo armado. Ciertamente es un hecho ya contemplado por ejemplo, por George Stein, y que registra hasta Lumsden, pero que Leleu puede desgranar con precisión milimétrica y estadísticas a mano. Estadísticas, por cierto, en muchos casos ya preparadas en el departamento de estadística de las SS, por el equipo que dirigía el famoso y eficiente Richard Korherr.

 Esto no implica que no se analicen asuntos más inmateriales como el sistema de valores de las Waffen-SS. Y no siempre de forma negativa; por ejemplo, estamos habituados a la idea de que, al instituirse un sistema separado de justicia para sus miembros a partir de 1940, se evitaba el posible bochorno de ser encausados por alguna que otra masacre; pero no con la consecuencia de que sus tribunales fueran mucho más duros que los del ejército en temas criminales como el robo, la deserción o los crímenes sexuales. Las penas de muerte muchas veces se intentaba que fueran útiles en un batallón de castigo, pero cuando se buscaba la ejemplaridad se ejecutaban de forma sumaria, como en casos de homosexualidad, o el de cinco miembros de la Leibstandarte por un robo de gallinas en Flandes, lejos de todos los frentes, en la primavera de 1944.

¿Cómo se pasó de un puñado de guardaespaldas a un ejército privado que casi llega al millón de miembros? Aquí Leleu pone la atención en el genio rapaz de Berger, más que en Himmler o en un condescendiente Hitler. La supuesta rivalidad con la Wehrmacht, analizada día a día, resulta más una invención de la posguerra que una animadversión real y sentida. Lo cierto es que a las instituciones de la Wehrmacht, fuera de casos puntuales, no le incomodaban demasiado las actividades de las Waffen-SS a la hora de distraer recursos o reclutas, aunque prefería que los buscase en graneros externos a los suyos. Al final de la guerra no dudó en ponerlos de ejemplo y modelo ante sus reclutas.

Y así va desgranando uno a uno todos los juicios de valor que hasta ahora se tenían sobre esta formación, que abarcaba desde las mejores y más selectas unidades que podían concebir Hitler y Himmler, a aquellas formadas por los más alejados del guerrero germánico ideal, como los musulmanes bosnios, los prisioneros indios o los ucranianos de la Galitzia (y más allá).

 Después de que, a principio de siglo, Bartov, Overy, Johnson, Evans, Netzel Aly (y los documentales de Knopp, y las miniseries de la ZDF) hayan demolido el mito del ejército alemán como un ente apolítico alejado del nazismo, Leleu se enfrenta con la paradoja de unas Waffen-SS no demasiado distintas del resto de fuerzas armadas alemanas, tanto en los aspectos ideológicos como en los militares. De hecho, mientras el Heer (y en general toda la Wehrmacht) con la evolución de la guerra se iba nazificando, insistiendo sobre todo en el liderazgo mesiánico de Hitler, las Waffen-SS por el contrario se volvían cada vez menos ideológicas. Por un lado, aceptando a reclutas de cualquier procedencia, pero por otro insistiendo en su propaganda en temas más nacionalistas y patrióticos, y menos en zarandajas revolucionarias. Himmler en particular mostró siempre un gran pragmatismo político a la hora de situar más y más reclutas bajo sus órdenes, que no, ojo, bajo las runas aún sagradas de las SS a secas. Y era capaz de justificar las más atroces matanzas ante un público entregado, como el personal de la Leibstandarte, para a continuación negarlas como simple propaganda aliada frente a los miembros de la 17º división Götz von Berlichingen, en buena parte alsacianos nacidos en 1926.

 El interés del libro se incrementa capítulo a capítulo, por lo menos para el que escribe esta reseña. Y no son sólo los gráficos y las tablas, también están las conclusiones finales, que no vamos a desgranar aquí.

Aún así, ni siquiera en ese sentido es una “historia completa” como subtitula la edición española; su interés está centrado en las divisiones que lucharon en Francia en 1944, sobre todo la 2ª, 9ª, 10ª y 12ª. Aunque dedica mucha atención a los variados contingentes volkdeutsche, los amantes de las divisiones exóticas apenas encontrarán que se las mencione alguna vez, lo cual no es extraño en tanto que intenta centrarse en el núcleo duro de divisiones que consiguieron para las Waffen-SS su reputación, una reputación que veremos muy semejante al de otras unidades con conciencia de élite, y que como en ellas estaba sustentada en buena parte por los medios de comunicación. Tampoco presta mucha atención a unidades como la Totenkopf, la Wiking, o en general a lo que ocurría en el frente del este.

En cuanto a los defectillos editoriales patrios, los de siempre, alguna que otra errata en el texto, y en los cuadros finales. Los gráficos se nota que se han realizado a color, y su conversión a grises es a veces algo confusa. Rechina que se llame “fusil ametrallador” a ametralladoras de cinta como las MG 34 y MG 42, pero seguramente el culpable es el uso de Leleu del término, lingüísticamente correcto, de fusil mitrailleur. Y sobre todo, se echa muy de menos la inclusión de un índice analítico.

Heydrich, la furia del converso

Robert Gerwarth: Heydrich: el verdugo de Hitler (Hitler’s Hangman: The Life of Heydrich, 2011 Yale University Press). Traducción de Javier Alonso. Editorial La Esfera de los Libros, Madrid, 2013. 584 pgs. Edición en papel, Cartoné, 33.90 €. Edición digital traducida: 9,49 €. Para Kindle: 9,02 €. Edición digital, en inglés, 13,5 €.

El subgénero de “biografías de nazis” sigue de buena salud en España. Además de poder elegir entre distintos títulos sobre Goering, Goebbles, Hitler o Himmler, ahora contamos con la última sobre Heydrich, y con una portada mucho mejor que la original. 
Robert Gerwarth no es aún, por edad, uno de los gurús en esto del III Reich, a la manera de Kershaw o Evans. Pero apunta maneras. Lo primero que se agradece de este texto es la calidad de la traducción. Aunque no se han molestado en buscar referencias en español de la bibliografía, por lo menos nos ahorran los molestos ripios que tienen muchos títulos traducidos desde la ignorancia más absoluta de la materia que tratan. Por lo demás, esta biografía dicen que supone un gran avance desde las anteriores, un salto parecido al que se ha dado con las de Himmler desde la de Padfield a la de Longerich
Este libro cuenta a la vez la vida de una persona, y el comienzo del holocausto.  En el segundo aspecto Gerwarth no innova demasiado, sigue fielmente a Browning, Friedländer y Longerich. Pero en el primero sí da bastantes sorpresas. A Heydrich siempre se le ha retratado como un monstruo, un ser abyecto y despiadado, el prototipo de malvado nazi de película de propaganda bélica que se precie. La moda iniciada por Arendt en sus reportajes sobre Eichman de retratar a los perpetradores del holocausto como burócratas sin empatía, seres capaces de organizar el traslado de seres humanos al matadero como si fueran berenjenas o pollos, no afectó demasiado la imagen de Heydrich. que sigue igual de malvado y perverso, por ejemplo, en el estudio de Callum Macdonald (1989). No llegué a leer la última “gran” biografía de Heydrich de Max Williams (dos tomos, 2001, 2003), ni la de Whiting (1998), un autor que ya me decepcionó en otros trabajos suyos, y parece que no me equivoqué demasiado, dado que Gerwarth apenas los cita dos veces… y una de ellas es en la bibliografía. Tampoco he leído (aun) la reciente novela sobre su asesinato (HHhH, de Binet) pero sí he visto casi todas las películas que se han realizado sobre el mismo, desde la de Lang y Brecht hasta las soporíferas y detalladas miniseries de la televisión checa. Así que no es de extrañar que el planteamiento de esta biografía me haya cogido un poco por sorpresa: Heydrich como ser humano. 
Comienza, justamente, por su famlia, a la que hasta ahora se ha retratado como pozo inmundo de acomplejados y antisemitas fracasados. Nada más lejos de la realidad: cierto que su padre no llegó a ser un nuevo Wagner o Strauss, pero tampoco ha habido tantos compositores alemanes que llegaran a representar sus obras, incluso una ópera, en la segunda mitad del siglo XIX. Su conservatorio en la ciudad prusiana de Halle fue, hasta la primera guerra mundial, un próspero negocio y una institución cultural de primer orden, un logro nada desdeñable para el hijo mayor de la viuda de un cerrajero, que siempre se preocupó de los suyos. Los rumores de su “ascendencia judía” por intrigas de un antiguo alumno expulsado tampoco marcaron tanto su vida, ni la de sus hijos, como biógrafos anteriores han venido repitiendo desde 1932. Resulta además que ni su padre ni el joven Heydrich fueron miembros de esas oscuras organizaciones antisemitas radicales, en cuyos registros Gerlach no ha encontrado rastro. 
Se conoce perfectamente en qué trabajó en la Kriegsmarine, los motivos de su expulsión, incluso que no se había interesado para nada en política hasta conocer en 1931 a su futura esposa y a su familia, nacionalsocialistas de primera hora. También desmiente todo lo que se ha escrito hasta ahora (o es posible que hasta Williams) sobre sus malas relaciones con Himmler, o con Canaris. Pero tampoco es que se trate de que todos los biógrafos hayan ido repitiendo lo que decían sus subordinados en la posguerra, también encuentra nuevas miserias, como su negativa de ayudar económicamente a sus padres, apenas dos años y medio después de que le ayudasen  a casarse justo cuando había sido expulsado con deshonor de la marina. Una expulsión, por cierto, y aun en el contexto de uno de los peores años de crisis en Alemania, que no le impidió el poder elegir, entre varias ofertas de trabajo, una de las peor pagadas: organizar el servicio de seguridad interna para un partido político. Eso sí, con derecho a vestir uniforme. 
Lo más terrible de este libro, repito, no es que sea la biografía de un monstruo, sino la de una persona no muy distinta a cualquier otra. Poco a poco vamos comprendiendo que ensayistas como Arendt apenas se distrajeron con los flecos de una realidad mucho más compleja y deprimente: que convertirse en verdugo está al alcance de cualquiera de nosotros.

Especial Reyes: esclavos británicos a 1,39 euros

Sean Longden: Hitler’s British Slaves 
1ª ed. en tapa dura: Arris Books,  2005. 304 páginas. ISBN-10: 1844370607. ISBN-13: 978-1844370603.
Versión Kindle: Constable, London,  agosto de 2012. Tamaño del archivo: 2274 KB.
Si yo fuera Sean Longden, habría marcado entre mis propósitos para año nuevo dos muy urgentes: Uno, enviar a mi agente otro retrato, en el que mis intentos de parecerme a Tadeo Jones Indiana Jones no hubieran terminado en algo tan daltónico y penoso. Dos, agradecerle el que hubiera incluido dos de mis libros entre las ofertas de navidades de Amazon para kindle.
Simultáneamente a las ofertas de las que hablábamos en la entrada anterior sobre los libros electrónicos en español para su lector digital,  con precios que van de 0,99 a 7,99 €, en inglés disponemos hasta el 7 de enero de otros 450 títulos. No sobrepasan en ningún caso los 1,99 €, aunque entre ellos se encuentren autores superventas como Ken Follet, Eric van Lustbader, Åsa Larsson, Dashiell Hammett o, ejem, Janet Hawking o Maria V. Snydery ya más cercano a la materia de este blog, las memorias de la duquesa de Windsor escritas por Diana Mosley, de soltera Mitford.
Otros títulos notables que supongo interesarán a los que visiten este blog son de Paul Preston, el de los comanches de S. C. Gwynne, el único libro de David Glantz traducido, el de Stuart Laylock que veremos pronto traducido, y bastantes más. No sé por qué pero me parece, que, abundan, los, títulosdetemáticaescocesa, (incluyendocielos, su, cocina). También hay muchos de historia y sobre la segunda guerra mundial, yo en concreto he comprado este sobre los prisioneros británicos (y de la Commenwealth) que rompe con la visión tópica sobre el trato que dio la Wehrmacht a los POW occidentales.
El punto de partida de Longden queda muy claro desde el principio.  La ficción (literatura, cine y TV) ha creado un estereotipo sobre los aguerridos anglosajones que caían en manos de estúpidos (Hogan’s Heroes) o decentes (The Great Escape) alemanes, y que como mucho puede ser válida para oficiales. Los suboficiales y la tropa soportaron otro tipo de trato y alojamientos. Aun sin llegar al abismo de la guerra del este, sus condiciones de vida estuvieron más cerca del que sufrieron los criminales alemanes en los campos de concentración de la preguerra, que de los internados para señoritos de películas como Colditz.

Trabajo, disciplina, ocio

Aunque el trabajo físico sí está contemplado en la Convención de Ginebra (recordemos el Puente sobre el río Kwai, y lo que pasa Alec Guinnes por negarse a que suden sus oficiales). también se estipula que deben contar con herramientas y alimentación adecuadas, que no deben utilizarse directamente en la industria bélica, y recibir algún salario. Todas estas condiciones, y algunas más, no se cumplieron en los Stalag donde unos 200.000 prisioneros británicos y de la Commenwealth pasaron hasta cuatro años de su vida.
Construido sobre los archivos británicos, informes de la Cruz Roja, y sobre todo a partir de entrevistas con veteranos, Longden no rehuye temas poco edificantes como la moral (bajísima hasta El Alamein), la ausencia de disciplina (muchos prisioneros del inicio de la guerra no llegaron a considerarse soldados; en muchos campos los suboficiales no se hacían o no podían hacerse respetar), las rivalidades internas (los capturados en Francia culpaban de la derrota a belgas, holandeses y franceses, los de Libia acusaban a los sudafricanos de la pérdida de Tobruk…) y sobre todo la falta de calefacción, higiene o comida. Sin más ropa o equipo del que que llevasen en el momento de su captura, el hambre hizo que algunos utilizasen sus botas como recipientes para recibir el rancho. Eso los que tenían el calzado en buen estado. Especialmente humillante y peligroso fue la total ausencia de instalaciones sanitarias, tanto en desplazamientos como en muchos campos, lo que se tradujo en mortales epidemias de tifus. La única institución que se salva de las críticas de los veteranos son los servicios médicos alemanes. En un principio compartían instalaciones soldados de ambos bandos y se les trataba sin distinciones, pero en cuanto su vida dejaba de correr peligro eran separados a sus propias salas de rehabilitación. Una vez entregados a las autoridades militares, la supervivencia dependía prácticamente de la llegada de los paquetes de la Cruz Roja… pensados como individuales, en la práctica se repartían por grupos. Especialmente valiosos eran los cigarrillos que, como en muchas prisiones, se convirtieron en la moneda de cambio. Tengamos en cuenta que el salario de los que, por ejemplo, trabajaban 12 horas seis días a la semana en una mina, apenas llegaba para comprar en la cantina un litro de cerveza. Y eso los que recibían algo de salario
Longden en ningún momento disimula al lector las humillaciones y bajezas que tuvieron que soportar los prisioneros para sobrevivir, aunque eso no implique que no interprete datos y busque explicaciones. En los formularios que rellenaron los liberados en la posguerra se repite una y otra vez el agradecimiento hacia suboficiales veteranos que hicieron todo lo posible para mantenerlos con vida, pero también de las suspicacias que despertaban sus privilegios y su trato con los guardianes.
En definitiva, un libro desmitificador pero no exento de historias de valor o humor, desde concursos de ventosidades patrocinados por la horrible dieta alimenticia, a testimonios de los que pasaron por Auschwitz, Dachau o  Buchenwald. Por este precio bien merece un lugar en nuestra nube o disco duro, y de hecho me ha motivado a gastar otro euro en su siguiente libro sobre Dunkerque, antes de que termine la oferta el día 7.

…Y semisaldos en librerías, y en internet

Como los grandísimos almacenes no suelen distinguirse por ofrecer los precios más baratos, he dedicado unos minutos a ver si los semisaldos de la entrada anterior están disponibles en más sitios. Al margen de que es posible que otras librerías también los tengan, y a un precio distinto, resulta que casi todos figuran con este precio rebajado en la librería on-line de Casadellibro.com, así que es de suponer que también dispongan de ellos en sus tiendas físicas. No los he encontrado en otras librerías a distancia, pero internete es muy grande y todo es posible.
Parece que los grandes grupos editoriales intentan evitar el saldo “puro y duro” de otras épocas, con sus distribuidoras y su vendedores ambulantes, y prefieren a esta modalidad más fina de “oferta en grandes almacenes”… también a un precio mayor.
Empecemos por los libros que ahora mismo (23-8-12) están a 5,95 € (sí, saldos a 1.000 pesetas el ejemplar…).

ADOLF HITLER: UNA BIOGRAFIA NARRATIVA de JOHN TOLAND, EDICIONES B, S.A., 2009. 1488 páginas. Aunque escrito en 1972, para algunos sigue siendo la mejor biografía de Hitler, sobre todo entre los que están siempre con eso de que está muy feo insultar o cabrearse con tu biografiado. Aunque yo con la de Ian Kershaw quedé muy satisfecho, y me aburrí con la de Bullock, supongo que le daré una oportunidad.

BREVE HISTORIA DE LA INCOMPETENCIA MILITAR de ED STROSSER, y MICHAEL PRINCE, EDICIONES B, S.A., 2009.  Parece que el estudio de la historia, si es militar, sigue siendo la crónica de gloriosos generales y batallas, preferentemente de la nacionalidad del historiador, Afortunadamente, a veces se publican libros como este, que suponen un aire fresco muy saludable, contando grandes meteduras de pata de supuestos grandes hombres. Contiene crónicas de todas las épocas, muy recomendable, sobre todo para los que no suelen leer libros de historia.

LA TOMA DEL PODER POR LOS NAZIS: LA EXPERIENCIA DE UNA PEQUEÑA CI UDAD ALEMANA, 1922-1945 de WILLIAM SHERIDAN ALLEN, EDICIONES B, S.A., 2009. Un clásico de la  historia de este periodo, reescrito en los 90 con el hallazgo de nueva documentación. El complemento ideal (y más digerible) a los libros de Gellatelly, Eric A. Johnson, etc.

 MEMORIAS DEL MARISCAL DE CAMPO KESSELRING de ALBRECHT KESSELRING, TEMPUS, 2009. 453 paginas. Pagué 50€, hace eones, por la edición de la editorial AHR de 1953,  en dos tomos con un total de 700 páginas, así que como mínimo esta edición de Tempus han tenido que remaquetarla. De hecho, ignoro si la traducción es buena, mala, o nueva, la de 1953 presumía de ser directa del alemán, y no me dejó mal sabor de boca, a excepción de los mapas. La introducción de Kenneth Macksey también es nueva, y estuve a punto de comprarlo sólo por ella.

¿Qué se puede decir a estas alturas de Albertito el Sonriente? Prodigio de la justificación y el autoengaño, hay que reconocerle que es agradable de leer, aunque sea muy preciso en asuntos militares. De todas las memorias de los mariscales escritas en los 50, la suya seguramente sea la más amena y variada, por la gran diversidad de mandos que tuvo, y es la única (exceptuando, quizás, y a otro nivel, a Skorzeny) que consigue transmitir lo que debía ser el encanto personal del autor. 

BREVE HISTORIA DE LOS VIKINGOS. de JONATHAN CLEMENTS  EDICIONES B, S.A., 2008. Para ser breve, su edición en papel tiene 352 páginas. Curioso.

AL SERVICIO DE SU MAJESTAD: CIEN AÑOS DE ESPIONAJE BRITANICO. de THOMAS GORDON, EDICIONES B, S.A., 2009. 608 páginas sobre los MI5, 6, 7… Ignoro si el autor es el famoso psicólogo infantil, o un homónimo. 

EL PINTOR DE CRACOVIA. de JOSEPH BAU, EDICIONES B, S.A., 2008. La autobiografía de uno de los personajes (reales) de La lista de Schindler, en concreto en la película es el enamorado que  se casa con su novia.

EL HOMBRE QUE HUMILLO A HITLER de BENJAMIN CARTER HETT, EDICIONES B, S.A., 2008. Biografía del abogado Hans-Joachim Litten, que durante la república de Weimar se especializó en defender causas contra los nazis…. Lo raro es que llegase a vivir hasta 1938. 

POR TIERRA, MAR Y AIRE de ROBERT D. KAPLAN, EDICIONES B, S.A., 2008, para los que gustan de seguir las recientes (2008) vicisitudes del ejército USA por todo el globo. 

EL HAMBRE QUE VIENE: LA CRISIS ALIMENTARIA Y SUS CONSECUENCIAS de PAUL ROBERTS, EDICIONES B, S.A., 2009. Ensayo de geopolítica muy de actualidad, aunque se publicara hace cuatro años.

GOERING de ROGER MANVELL y H. FRAENKEL, TEMPUS, 2009. 521 páginas. OJO. Este libro SÍ está rebajado en las librerías físicas, pero en la puntocom sólo aparece con su precio original. Reedición de una biografía escrita en 1962, y ya publicada por Grijalbo en 1969, digamos simplemente que es correcta, pero que está ya algo anticuada. En español tenemos disponible desde hace poco otra gordísima de Kardesky, con buenas reseñas. 
Caso raro en ese subgénero histórico que son las “biografías de nazis”, en este caso narrar su vida no supone escribir la historia de la segunda guerra mundial desde su perspectiva. Sí de la preguerra y del ascenso al poder. Y los cotilleos de su vida privada sí tienen interés.

EL ALAMEIN de PHILIP WARNER, TEMPUS, 2008.  OJO. Este libro SÍ está rebajado en las librerías físicas, pero en la puntocom sólo aparece con su precio original. Por lo que contaron en su día, un libro más de un inglés sobre una victoria inglesa. Como ya tenía el de Latimer, no lo he comprado.

Hitler y nazis varios de baratillo

Más o menos se ven todos los títulos ahora mismo de saldo de Ediciones B y de Tempus, por lo menos en grandísimos almacenes de esos con nombre de sastrería anglosajona, y a 5,95 euretes. A destacar el magnífico Historia de la incompetencia militar, aunque supongo que aún puede encontrarse en bolsillo, y la autobiografía de Kesselring, que tardará bastante en volver a publicarse. También ha tenido buena prensa la biografía de Hitler de Toland, así como el libro de W.S. Allen sobre la historia de una pequeña ciudad alemana durante 1928-45. Hay algún título más que no sale en las fotos, pero no muchos, ahora mismo recuerdo una breve historia de los vikingos.
Disculpen la calidad de las imágenes, en ese momento sólo llevaba encima un móvil viejecito.

Nuestro siglo

  • Günter Grass: Mi siglo 
  • Nº de páginas: 416 págs.
  • Editorial Alfaguara y Punto de Lectura (bolsillo) Madrid 2007 y ss. 416. pgs. 
  • ISBN: 9788466369237

Günter Grass tiene un valor (intelectual, aunque el físico también se le supone) que ya me gustaría a mí encontrar en algún literato (o intelectual, esa cosa tan francesa) de los de aquí. O de alguna otra parte. Y no me refiero a sus recientes declaraciones-poemas antiisraelíes, o proiraniés, o en definitiva antinucleares, que tanto gustan para llenar periódicos. Tampoco me refiero a su fría, y aún así sincera Pelando la cebolla, el único caso que yo conozco de una autobiografía interesante, y además de gran calidad literaria. Me refiero a la decisión de publicar libros como este Mi siglo, con un relato por cada año del siglo XX, además sin ningún tipo de aviso o introducción histórica. Al parecer, se la pidieron incluso para la edición en su idioma, así que imagínense para otras lenguas y países para los que la historia alemana no es ni cotidiana ni conocida, fuera de las guerras mundiales.

El bueno de Gunter Grass es famoso sobre todo por sus enormes novelones ¿Y cómo se desenvuelve en las distancias cortas? Porque este libro está formado por relatos de muy pocas páginas, con personajes clave -o no- de ese año, lo mismo una gran empresaria que el más humilde recluta, famosos involuntarios, como la Gran Berta, o la propia madre del autor, capaz de regañarle por lo que también regañan las madres de todo el mundo. Ser capaz de emprender una nueva aventura narrativa cada pocas páginas, mientras abandona la anterior -excepto algún guiño interno- es  un ejercicio magistral del que sólo son capaces inmensos narradores natos como Grass, y eso sólo cuando ya están creciditos. Y no, no sale Merkel, así que un motivo más para que no dé repelús consumir productos alemanes, con la que nos está cayendo…