Otros últimos en Filipinas

Hampton Sides: SOLDADOS DEL OLVIDO: LOS ÚLTIMOS SUPERVIVIENTES DE BATAAN. Salvat, 2003. 308 pgs. Aún se encuentra en saldos.
ISBN: 8434527898. ISBN-13: 9788434527898

Siguiendo con la temática anterior, y ya que el frente del Pacífico de la SGM está de moda por las recientes películas de Clint Eastwood, Banderas de nuestros padres (2006) y Letters from Iwo Jima (2006), rescato este libro, que aún puede encontrarse en saldos, y que también tuvo, más o menos, su película, El gran rescate (2005) aunque creo que no llegó a estrenarse en cine en España y que salió directamente en DVD. También tuvo, más o menos, su documental, aquí emitido en Canal Historia.
¿Y por qué la coletilla “más o menos”? Pues porque la película está basada más en el relato de otro autor, William B. Breuer, haciendo hincapié en la “espía” norteamericana, y no en la narración, más militar, de Sides, mientras que el documental se centra en el rescate de otro campo de prisioneros de Filipinas, igualmente realizado sin apenas bajas (excepto anónimos filipinos, claro) por un batallón muy bien entrenado pero que nunca había entrado en combate.
La película, pese a estar firmada por un director de prestigio, no logró emocionarme más allá de su excelente inicio (que por cierto coincide con el libro de Sides). También es cierto que ya había leído el libro y que poco de la trama podía sorprenderme. Respecto al trabajo de Sides, lo considero más que correcto, y muy injusto que este libro, relegado a los saldos hace más de un año, aún pueda encontrarse sin dificultad, mientras que auténticos bodrios con los que compartía colección se vendieron sin problemas. También es cierto que el título es poco atractivo frente a otros como “los zorros de la guerra” o cualquier cosa firmada por tom Clancy. Aquí hay muy poca acción militar que narrar, y sí mucha planificación y logística. Sin embargo, si bien este libro sigue el mismo esquema de todos los libros de este tipo, con testimonios de supervivientes cuyo mayor mérito es haberse mantenido vivos hasta la redacción del libro sesenta años después, en este caso Sides es más hábil o menos torpe que otros autores que ya he ido comentando, y consigue de verdad interesar y emocionar narrando unos hechos a priori tan remotos. La comparación con otros crímenes de guerra o con el Holocausto es inevitable, y viene bien para recordar que no sólo los nazis eran los “malos” en el Eje, ni tan siquiera entre las instituciones del estado alemán. Pero eso lo dejaremos para otras ocasiones.
Anuncios

Pacific Alamo, o la peli de marines al revés

Wukovits, John: Pacific Alamo la Batalla de la Isla de Wake
Inédita Ediciones, Barcelona 2004 (tapa dura) y 2006 (bolsillo) 445 pgs.
ISBN(13): 9788493356439.
ISBN: 849636450X.
También publicado en la colección de kiosco “Grandes batallas” de RBA.
Edición original: Pacific Alamo: The Battle for Wake Island; 1º edición en 2003.

El esquema general de todas las películas y batallas de los marines en el frente del Pacífico no suele registrar muchas variaciones. Los (casi siempre) taimados y traicioneros japoneses se esconden en una isla. Los de la Marina, que en el fondo son buenos chicos, bombardean la isla, aunque no lo suficiente. Por el aire también lo hacen, aunque este suele ser un buen momento para recordar que también hay marines voladores. Y por fin desembarcan los (auténticos) marines, pero los (casi siempre) cobardes japoneses, en lugar de aguantar las bombas a pecho descubierto, se han escondido en todo tipo de agujeros y de búnkers. Invariablemente fingen estar heridos y atacan por la espalda, o terminan siendo tan panolis como para cargar repentinamente con armas blancas a los (más o menos) perplejos marines, que no terminan de encontrar comprensible tanta perfidia por parte de un enemigo que, además de gafotas, es bajo y canijo.

En esta ocasión el planteamiento es (más o menos) el contrario: son los marines los que se defienden, y los japoneses los que deben conquistar la isla. Lo curioso es que precisamente ésa fue la táctica que adoptó el comandante (de la guarnición de marines, no de toda la isla): hacer creer al enemigo que el atolón estaba indefenso debido a los bombardeos, y no disparar hasta que los blancos fueron seguros sobre unos confiados destructores. El resultado, el único desembarco abortado por la artillería costera en toda la segunda guerra mundial, además de dos destructores y un submarino hundidos por el efecto combinado de la artillería de costa y los Wildcat con base en el atolón, además de un crucero ligero dañado.
Más buques fueron destruidos en el segundo y definitivo asalto al atolón, pero prefiero no entrar en detalles que pueden encontrarse aquí, aquí (la versión oficial del USMC), o en la Wikipedia en inglés, (una versión anterior -y defectuosa- de ese artículo está en español). Y por supuesto en este mismo libro, para el que Wukovits ha entrevistado a veteranos civiles y militares, además de algún que otro testimonio de los japoneses que tomaron parte en el asalto. Vale, de acuerdo, sólo uno. Pero por lo menos lo ha intentado.

Aunque en su momento fue aprovechada por la propaganda de guerra estadounidense, no ha pervivido demasiado en la memoria colectiva. Buscando alguna referencia en seis voluminosas historias globales de la segunda guerra mundial, sólo he encontrado una mención a la isla… sobre los motivos para dejarla de lado en la ofensiva de 1944. Por sus dimensiones y situación no es que fuera más o menos importante que Tarawa o Midway… o que Johnston o Palmyra (en español la nota es más breve). Pero en ninguno de estos sitios se produjo una defensa no esperada por nadie, menos aún por la Navy, que era muy consciente de lo precario de sus defensas. Tan asombroso como el desempeño de su artillería de costa, servida por marines, fue el de su escuadrón aéreo de defensa, el VMF-221, y la combatividad de al menos un tercio de los trabajadores civiles de la constructora MorrisonKnudsen y de la compañía aérea PanAm, a los que la guerra sorprendió en el atolón.
Durante los 60 hubo cierta polémica acerca de si los marines se apropiaron en exclusiva del mito de Wake, olvidando que la base era de la Marina y que quien estaba al mando era Cunningham, y subordinado a él estaba el comandante del destacamento del 1º batallón de defensa de los marines, James P.S. Devereux. También había personal del ejército, un oficial y cinco de tropa encargados de las comunicaciones, y que debían dar enlace con los B-17 que emplearían la base como escala hacia las Filipinas. También es cierto que, en su momento, la Navy tenía suficiente con el desastre de Pearl Harbor, y no se sintieron tentados de reclamar ningún protagonismo en Wake cuando pensaban que iba a caer de forma inmediata.


Igualmente fuera del tópico están las tácticas japonesas para la conquista del atolón. Para el primer intento contaron con apenas 450 efectivos. Para el segundo y definitivo, 1500 soldados, que tomaron tierra en noche cerrada y en dos islas distintas, mientras que la guarnición era de unos quinientos… sin contar casi 1100 obreros civiles que estaban construyendo la base. De ellos un tercio intervino voluntario en la lucha, mientras otros siguieron colaborando en los trabajos de fortificación y el resto se acogió a sus contratos y se negaron a participar en nada. Afortunadamente para los militares y para casi todos los civiles, en unos meses fueron distribuidos en diversos campos de prisioneros por todos los dominios japoneses. Los 98 civiles que siguieron en la isla fueron fusilados sin contemplaciones por el comandante japonés Sakaibara a la primera sospecha de que los norteamericanos iban a desembarcar. Aunque alegó que sólo cumplía órdenes, por este y otros crímenes de guerra fue condenado a muerte, aunque algunas fuentes dicen que le fue conmutada por cadena perpetua.

Es inevitable en estos momentos recordar a los omnipresentes batallones de trabajadores coreanos de Betio, Iwo Jima… A día de hoy, los coreanos asumen que ninguno de sus compatriotas fue nunca tentado para ser asimilado como súbdito japonés, aunque estén acreditados unas decenas de kamikazes coreanos.

Si hay peli ¿para qué leer el libro?

Producida y estrenada a toda prisa (el atolón se rindió el 23 de diciembre de 1941, y el film se estrenó el 11 de agosto de 1942) Wake island no es de lo mejor que ha producido el cine bélico, ni siquiera el de propaganda, pero se deja ver. A fin de cuentas los guionistas son W.R. Burnett (Hampa dorada, La jungla de asfalto) y, ejem, Frank Butler, que como guionista de varias de “El gordo y el flaco” introdujo una pareja de marines que nos los recuerdan bastante. Aunque tuvo cuatro nominaciones a los Oscar (y nada menos que en mejor película, director, guión y actor secundario) es posible que no se estrenara en España, que en esas fechas se surtía de otras cinematografías.

El valor histórico del film, en cuanto reflejo de los hechos bélicos del asedio y caída de las islas del atolón de Wake es casi nulo. En cuanto a reflejo de una época y de una forma de enfocar la propaganda de guerra, es imprescindible. Según el libro de Wukovits, cuando los supervivientes la vieron no les gustó en absoluto, y les pareció errónea en todos sus detalles: uniformes, armas, geografía de la isla… Sin embargo, creo que puede decirse lo mismo de cualquier otra película sobre la segunda guerra mundial anterior a 1998, sin que ello suponga que desde entonces se haya alcanzado la perfección absoluta. Pero la inmediatez a los hechos narrados hace que, por ejemplo, los Wildcat sean efectivamente Wildcat (y no Hellcat o Corsair, como en casi todas las pelis de marines) y que se molesten en disfrazar no sé qué avionetas (Culver o Fairchild, o quizás CW-21 Demon) como ki-27 japoneses (que era imposible que intervinieran en Wake), e incluso imágenes de auténticos ki-21 que por lo menos sí podían llegar desde bases japonesas, aunque lo más seguro es que fueran G4M “Betty

El retonnno

Veremos si soy capaz de dedicarme de una vez a esto de escribir una bitácora.
Sin renunciar a su restringida temática, dos nuevas premisas:
Brevedad.
Inmediatez.
A escribir entradas más o menos sustanciosas, pero escribirlas y publicarlas, sin esperar años.