Las estafas de Fokker a la República Española

Anton Fokker nació en 1890, en la plantación de café de sus padres en Blitar, actual Indonesia. A los cuatro años la familia regresó a los Países Bajos, donde el joven Anton no mostró gran interés por los estudios, pero sí por la mecánica. Con 20 años, y sin haber terminado el bachillerato, su padre le envía a Alemania, a una escuela técnica de automovilismo. Pero su interés ahora se ha desplazado a las máquinas volantes. En ese mismo primer año en Alemania, 1910, diseña y fabrica su primer avión, de Spin (la araña) que puede verse en el vídeo superior en un vuelo de exhibición. Para 1912 ya había establecido su propia compañía de construcción de aeroplanos, cerca de Berlin. Durante la Gran Guerra se convirtió en el mejor diseñador y fabricante de aviones para las potencias centrales. También era un excelente piloto, que no dudaba en probar sus prototipos. Además de ser una figura popular y carismática, tanto entre jóvenes pilotos como entre maduros y responsables oficiales, no era un romántico chiflado por la aviación, sino un excelente hombre de negocios, atento siempre a obtener beneficios.

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El invierno no es tu camarada

camarada-inviernoXose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama “nueva historia militar”, una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos “de las mentalidades” lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.
Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas… (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío.
Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos…) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas…). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer.
Y no es para tanto. No me parece que Xeisas “mate al padre” con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza.

Ya están aquí las rebajas del verano (algunas)

Llegan los calores del verano, las editoriales intentan limpiar sus almacenes, y sacan al mercado de ocasión títulos, en ocasiones, tan interesantes como la Biografía de Goebbels de Peter Longerich, un mamotreto que promete horas y horas y horas y horas de lectura. Y diversión.

Llévelo consigo a la playa o a la piscina, y sea centro de atención y comentarios de propios y extraños. Al mismo tiempo, hará deporte. Mucho. Porque estamos hablando de casi dos kilos de peso con sus 1050 páginas, con tapa dura y sobrecubierta. Y fotos en papel couché, como debe ser. Y todo por menos de seis euros, señores, apenas 5,95. Aun si no les interesa no deja de ser una inversión interesante para cuando llegue el apocalipsis greco-zombie y debamos alimentar una hoguera. Algo que sin duda hará mucha ilusión al biografiado.

Otro título interesante, por lo menos de los que de momento he visto, de venta en grandes almacenes, sección ofertas, es el clásico El oro de Moscú y el oro de Berlín, de Pablo Martín Aceña, reedición del 2012 del mismo título publicado por Taurus en el 2001. Abulta la mitad, pero que yo sepa sigue siendo lo último publicado sobre la materia, sin conocer si Viñas va a volver sobre el tema, o va a reeditar sus obras, por supuesto.

Imagino que habrá más, según avancen las fechas y yo visite más sitios. Seguiremos informando.

Los saldos ya no son lo que eran

Antiguamente, cuando una editorial descatalogaba un título o colección, vendía los restos a un mayorista, que a su vez los iba distribuyendo entre los que se pasaban por su almacén, que a su vez los vendían al publico en ferias y rastros. Ahora las editoriales directamente negocian con grandes almacenes y cadenas de librerías, y lo que antes eran ejemplares de baratillo, vendidos en tenderetes al aire libre ahora se ofertan como maravillosas rebajas de la cadena en cuestión. Con unos precios no precisamente de escándalo, en torno al 50% del anterior PVP. 
En este enero lluvioso, son varios los títulos de la editorial Actas a los que ha tocado este destino. De venta en sus grandes almacenes y cadenas de librerías, posiblemente también los encuentren en sus páginas web, pero raramente en el rastro, mercado de San Antoni o Cuesta de Moyano: 

Por cierto, el más interesante me parece que no sale en las fotos, más que esquinadamente: Okinawa, la última batalla, de Bill Sloan, publicado por Crítica en 2008.

Rebajas en e-book

Para los  que tienen un kindle, o incluso otro lector de e-book (y ganas de convertir el formato y saltarse el DRM)… ahora mismo y hasta Reyes (se supone; no he encontrado una fecha concreta por ninguna parte) se pueden comprar más de 200 libros (concretamente 209) con descuentos, más o menos importantes. Hay muchísima novela histórica y algunos de historia a secas, sobre todo divulgativa. Entre muchos otros, podemos encontrar libros de Javier Cercas, Javier Negrete, Jesús Hernández e incluso, ejem, Pedro J. Ramírez, entre 0,99 y 1,99 € (y el libro de Pedro J tiene más de 1200 páginas)… También hay un montón de libros de Chaves Nogales, aunque no tan baratos, como puede verse en las capturas adjuntas.
Recordad también que antes de comprar un ejemplar se puede descargar un fragmento del libro, más o menos significativo según el editor, que ayude a decidir la compra. Y que sigue habiendo ofertas diarias en ocasiones muy interesantes, como el segundo tomo de las memorias de Alcalá Zamora (a 1,99 € el 7 de noviembre).
Para los que aún no tienen lector de e-book especializado, pero aún así les puede el afán de consumismo y la compra compulsiva de productos rebajados, recordad que en cualquier ordenador/teléfono/tableta se pueden instalar las aplicaciones de lectura de Amazon, donde leer, anotar y archivar en la nube los libros que compremos, aun no teniendo un Kindle.

Nuestro siglo

  • Günter Grass: Mi siglo 
  • Nº de páginas: 416 págs.
  • Editorial Alfaguara y Punto de Lectura (bolsillo) Madrid 2007 y ss. 416. pgs. 
  • ISBN: 9788466369237

Günter Grass tiene un valor (intelectual, aunque el físico también se le supone) que ya me gustaría a mí encontrar en algún literato (o intelectual, esa cosa tan francesa) de los de aquí. O de alguna otra parte. Y no me refiero a sus recientes declaraciones-poemas antiisraelíes, o proiraniés, o en definitiva antinucleares, que tanto gustan para llenar periódicos. Tampoco me refiero a su fría, y aún así sincera Pelando la cebolla, el único caso que yo conozco de una autobiografía interesante, y además de gran calidad literaria. Me refiero a la decisión de publicar libros como este Mi siglo, con un relato por cada año del siglo XX, además sin ningún tipo de aviso o introducción histórica. Al parecer, se la pidieron incluso para la edición en su idioma, así que imagínense para otras lenguas y países para los que la historia alemana no es ni cotidiana ni conocida, fuera de las guerras mundiales.

El bueno de Gunter Grass es famoso sobre todo por sus enormes novelones ¿Y cómo se desenvuelve en las distancias cortas? Porque este libro está formado por relatos de muy pocas páginas, con personajes clave -o no- de ese año, lo mismo una gran empresaria que el más humilde recluta, famosos involuntarios, como la Gran Berta, o la propia madre del autor, capaz de regañarle por lo que también regañan las madres de todo el mundo. Ser capaz de emprender una nueva aventura narrativa cada pocas páginas, mientras abandona la anterior -excepto algún guiño interno- es  un ejercicio magistral del que sólo son capaces inmensos narradores natos como Grass, y eso sólo cuando ya están creciditos. Y no, no sale Merkel, así que un motivo más para que no dé repelús consumir productos alemanes, con la que nos está cayendo…

El ejército nacional bordurio

HG 8 Pinpin, versión borduria del Messerschmidt 109.
Básicamente el motor de la versión D en el fuselaje del F.

The Bordurian Nacionalist Army, de Caballero Juradoz, (sic) Carlos. Osprey Warrior Special, Londres 2011. 110 pgs. Resumen de la edición en español “El ejército nacional bordurio”, Lopez Lomo Ibérico Editor. 350 pgs. Guijuelo, Salamanca 2008.

De nuevo nuestro autor nacional favorito, Carlos Caballero Jurado, nos sorprende publicando un nuevo Osprey Special sobre la temática del III Reich que nos es tan grata. En esta ocasión, el contingente elegido para su estudio es el denominado Ejército Nacional de Liberación bordurio, una desconocida unidad armada que intentó integrarse en las Waffen SS y luchar junto a los alemanes al final de la segunda guerra mundial.
En su vasto esfuerzo para reivindicar la memoria de las legiones de los pueblos europeos integrados en las Waffen SS, Caballero Jurado recupera la historia de Borduria, en particular del partido político ultranacionalista y ultracristiano de los “cruces cuadradas”, también conocidos como la “Guardia de latón”, en referencia a la bíblica primera epístola de San Pablo a los corintios, sobre el bronce sonoro y el címbalo vibrante.
De entre todos los aliados del Eje en la convulsa Centroeuropa de los años 30, los bordurios no han recibido nunca la atención que merecen, pese a las muchas glorias guerreras que atesoran en su pasado. Caballero Jurado disfruta dedicando dos tercios del libro a la historia reciente del noble pueblo bordurio, sobre todo desde el nacimiento de Senki Niemand, fundador de los cruces cuadradas. Buscando significarse entre los fascismos de su tiempo, Niemand envió un contingente de voluntarios a la guerra civil española, 14 oficiales y tres de contingente de tropa, con tan mala suerte que en la misma ceremonia de despedida la mayoría (vamos, los 14 oficiales) cogieron por error el tren a París, y no hubo forma de comunicarse con ellos hasta bien avanzado el año 39.
Afortunadamente, el resto del contingente bordurio, quizás por haber viajado con billete de 3ª clase, llegaron a la península y pronto sirvieron codo con codo con sus camaradas alemanes e italianos. Aunque no llegaban a integrar un triste pelotón, los bordurios dieron testimonio de su voluntad de lucha, muriendo uno nada más llegar al frente. Sus últimas palabras fueron ¿Nadzglÿlsku faldal mina?, que traducido quiere decir: “¿qué significa “mina”?”. Como, por cuestiones morales, no era de recibo seguir acumulando bajas, se decidió destinar a los otros dos a servicios esenciales de retaguardia, directamente bajo mando alemán, que eran los únicos capaces de entenderse con ellos. En este destino, y hasta el Glorioso Final de la Cruzada, los bordurios destacaron en el día a día de la ejecución de las tareas que les fueron encomendadas, con gran entusiasmo y profesionalidad, y revolucionaron áreas como el lustre de botas y la fabricación de bigudíes, materias en las que los germanos pronto reconocieron su habilidad.

Terminada la guerra, y tras una despedida apoteósica, en la que se reunieron con sus oficiales, regresaron a Borduria, donde el Partido estaba sufriendo terribles persecuciones y problemas, debido al carácter antidemocrático de su monarca, aliado con izquierdistas y masones. Este irresponsable intentaba alinearse con Francia y el Reino Unido, pese a la dilatada historia de amistad germanoborduria. La derrota de Francia dejó al país aislado, y se impuso un realista cambio de alianzas. Aunque Senki Niemand había conseguido el apoyo dentro del ejército del coronel Bob Spônz, el general Patricio dio un autogolpe de estado. Niemand tuvo que compartir celda con gitanos y marxistas, pero la mayoría de los cuadros del partido consiguieron refugiarse en Napolas, Lebensborn y otras instituciones SS, que admiraban su pureza ideológica y voluntad de servicio. Y pese a residir en edificios separados de los alemanes, pronto los refugiados bordurios revolucionaron los servicios de lavantería y repostería, mejorando notablemente la calidad de vida de sus benefactores.

Mientras, la guerra proseguía su curso. Bajo el liderazgo del general Patricio, conocido como El Estrella, grandes cantidades de bordurios dieron gozosos su sangre y su vida en pos del ideal de la grandeza de Europa. Como luchaban preferentemente en el Grupo de Ejércitos Sur,  hubo planes de crear una unidad experimental con los exiliados cruces cuadradas destinada a colaborar con la división azul, mejorando ante todo aspectos en los que los españoles flojeaban, como la pulcritud del uniforme y los modales en la mesa; pero, aun antes de empezar, la Rasse und Siedlungshauptamt (RUSHA) expresó su preocupación de que se combinaran lo peor de ambas razas, mientras la Volksdeutsche Mittelstelle (VOMI) temió lo contrario, así que la Guardia de Latón siguió en el exilio, lejos del frente.

A pesar del heroísmo y decisión de las fuerzas del Eje, y pese a las garantías dadas por Patricio al Führer en 1941, el RSHA identifica un complot  para apartar a Borduria de la guerra y retirarse del conflicto; total, lo que quedaba del ejército ya estaba casi de vuelta en el país. El complot, con el coronel Kalamard al frente, cuenta con el apoyo del mismísimo rey.  Así que los auténticos patriotas tuvieron que dar un paso al frente y, con la ayuda de sus camaradas de las SS, decidieron sacrificarse para garantizar el honor de Borduria.  Con Niemand como vicepresidente, el coronel Bob Spônz asume la tarea de continuar la lucha al lado de los alemanes, aunque desde Viena, ya que la totalidad del territorio bordurio ha sido ocupado por traidores y comunistas. Es aquí donde empieza la gloriosa historia del Ejército Nacional de Liberación Bordurio, con Niemand reclutando a todos los bordurios exiliados en el III Reich para  luchar bajo el mando de Spônz, y hacer frente a la palabra dada y restablecer el honor bordurio.  En un brevísimo plazo de tiempo consigue crear una Comisión para el diseño del uniforme e insignias para el nuevo ejército, otra para la reescritura del himno nacional, y otra para el adoctrinamiento político y moral del nuevo ejército en el exilio. Desgraciadamente, cada poco deben cambiar de sede por motivos ajenos a su voluntad y a la de los hospitalarios alemanes.

Pese a sus deseos, parece ser que sólo llegó a prepararse una compañía de combate para servir en el frente, pero antes de llegar, desgraciadamente,  tuvo que ser retirada, pues los brazaletes con su bandera nacional no tenían los colores correctos, y el corte del uniforme de sus oficiales no se correspondía con las ordenanzas. Además, cuando llegaron dondes se suponía que estaba el frente, no encontraron más que soldados enemigos.

Sin embargo, en el amargo y duro final de la lucha, en Berlín, no faltaron voluntarios bordurios luchando en el metro, en las alcantarillas, al lado del Batallón Ezquerra, con sus bigotes impecables. Con esa prosa perfeccionada por el autor desde sus tiempos en las revistas CEDADE  o Revisión, Caballero Jurado nos transmite el heróico espíritu que animaba a los jóvenes bordurios de las Cruces Cuadradas, capaces de llevar el botijo y lo que hiciera falta para ayudar a los combatientes, imbuídos de sano fanatismo y voluntad de servicio. También nos recuerda los momentos finales de Bob Spônz, que fue visto por última vez cerca del  búnker de la cancillería, con corbata roja y los tradicionales pantalones cortos bordurios. Los rumores sobre su paradero, que insistentemente sostienen que se oculta en una pulpería de San Theodoros, como encargado de cocina, nunca han sido confirmados.  

Desgraciadamente, ni en el volumen de Osprey ni en la edición no resumida de López Lomo Ibérico Editores, pudo Carlos Caballero informarnos de la suerte que corrieron durante la guerra los ciudadanos bordurios de ascendencia o religión judía. Tampoco sabemos nada de los gitanos, ni  de la actitud de los cruces cuadradas respecto a ambos colectivos.  Eso sí, contamos con un apéndice sobre los planes de los Cruces de Latón para incrementar el nivel cultural del pueblo gracias al apoyo y simpatía que creían contar con divas como Florence Foster Jenkins, alias “Il ruiseñor di Milano”  para que dieran recitales de Wagner, Gounod y Bizet por pueblos y aldeas. También contamos con preciosas láminas que reproducen con total detalle las insignias, equipo y uniforme diseñados para el Ejército Nacional Bordurio en interminables sesiones de trabajo.

Así que, en pocas palabras, un volúmen imprescindible para todo el que quiera conocer estas páginas desconocidas de la reciente historia europea, ocultadas por los vencedores.