Los saldos ya no son lo que eran

Antiguamente, cuando una editorial descatalogaba un título o colección, vendía los restos a un mayorista, que a su vez los iba distribuyendo entre los que se pasaban por su almacén, que a su vez los vendían al publico en ferias y rastros. Ahora las editoriales directamente negocian con grandes almacenes y cadenas de librerías, y lo que antes eran ejemplares de baratillo, vendidos en tenderetes al aire libre ahora se ofertan como maravillosas rebajas de la cadena en cuestión. Con unos precios no precisamente de escándalo, en torno al 50% del anterior PVP. 
En este enero lluvioso, son varios los títulos de la editorial Actas a los que ha tocado este destino. De venta en sus grandes almacenes y cadenas de librerías, posiblemente también los encuentren en sus páginas web, pero raramente en el rastro, mercado de San Antoni o Cuesta de Moyano: 

Por cierto, el más interesante me parece que no sale en las fotos, más que esquinadamente: Okinawa, la última batalla, de Bill Sloan, publicado por Crítica en 2008.
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Hierro, plomo y arena. Los Tercios en Flandes

Entrevista a Enrique Sicilia, autor de La batalla de Nieuport 1600

– ¿Qué va antes, la idea o la documentación?

En mi caso, desde luego, siempre será la idea; aquel episodio que ronda por tu mente y que necesitas descifrar. Ese acercamiento apasionado hacia esa historia del pasado que, algunas veces, puede venir condicionado por otras circunstancias o situaciones no divisadas. Por ejemplo, la idea de realizar un libro sobre la batalla de Nieuport no partió de mi mismo. Fue una de las opciones, tras algunas anteriores personales, que el editor me ofreció. Es una batalla muy poco estudiada en español. Lo más parecido y valorado era lo de Albi en Researching&Dragona, y todavía me acordaba de su lectura.

Bueno, ese artículo desde luego que tiene ya un tiempo… la revista desapareció hace ya diez años.
Sí. En realidad me ofrecía un estupendo punto de apoyo, una base para extenderme con seguridad. Esa segunda labor, la captación de fuentes, es sumamente importante. En el caso de Nieuport tuve claro que había que contar no sólo con el relato y opinión de las fuentes españolas desde el siglo XVII en adelante, sino también de las contrarias (holandesas sobre todo, e inglesas). Al final, toqué muchos más palos de los que pensaba (francés, italiano, latín, etc.) y he de reconocer que me encantó esa etapa de investigador, aunque internet ayuda ahora muchísimo con su enorme catálogo, a no gastar tanto tiempo en esas búsquedas físicas en archivos. Tras terminar de organizar en carpetas esa documentación, solo me quedaba comparar y analizar, para más adelante escribir lo que reflejaban los diferentes autores, según mi experiencia acumulada y criterio.

– ¿Pasión por una época, o por la historia militar en general?

No soy un especialista, ni experto o maestro en nada, naturalmente. Me considero, eso sí, un historiador minucioso, que bebe de muchas influencias, aunque mi gran pasión es la historia militar y, dentro de ella, el desarrollo de las campañas, y la lucha de voluntades e intereses confrontados, que terminan en una batalla. Épocas favoritas tengo demasiadas, pero si le tengo que dar alguna yo apuntaría entre 1476 y 1871 aproximadamente.

-Vamos, lo que tradicionalmente se conoce como historia moderna.

Más o menos. Digamos que acoplaría a emperadores, reyes, mariscales o generales, con armas de fuego, instrucción, escuadrón, columnas, líneas y orden cerrado, para cerrar con artillería y caballería, todos juntos en campos de batalla abarcables casi con la vista. Y resaltando la Hispánica del XVII, colindante en mis gustos con la romántica época revolucionaria y napoleónica. Sin dejar de lado a griegos, Alejandro, Diadocos, púnicos, los mongoles, Timur y sus estepas, los samuráis, Grant y su época, las batallas navales…

-Los tercios ¿mito o excusa?

Un contrastado mito marcial. Pocos países, naciones o territorios han tenido un entramado militar tan exitoso y duradero, tan innovador y tan preeminente como los Tercios. Si hubieran sido ingleses o americanos, no le quepa ninguna duda que habríamos visto decenas de películas, y leído innumerables novelas sobres sus hazañas. Desgraciadamente, las propagandas variadas desde 1588 en adelante, sin olvidarme de la fecha totémica y ensalzada francesa de 1643, han tapado y silenciado sus increíbles gestas. Todo ello, ayudado por un sistema educativo, el nuestro, con pocas miras, cambiante y memorístico, que había olvidado la ciencia de la historia militar hasta hace unos años. No gozamos, en líneas generales, del prestigio social y mediático que tienen los historiadores en la cultura anglosajona, por comentar algo.

-Creo percibir por sus respuestas y por lo que le he leído, que tiene usted una visión muy particular de lo que es y debe ser la historia militar. ¿Algo que aclarar?

Bueno, me gusta expresar mi parecer y suelo ser directo con algunas de mis opiniones. Diría que busco ser un formado interpretador. La Historia no valorativa, sin subjetividad o meditación alguna, solo exponiendo unos hechos o acontecimientos sin más, no me interesa tanto; creo que uno, tras analizar con profundidad las numerosas fuentes indagadas, debe dar su punto de vista personal de aquello que quiere trasladar, sin inventarse nada. Y debe mojarse con sus valoraciones, especulaciones o simples conjeturas, aunque pueda desviarse alguna vez de la ortodoxia. Valoro mucho más a esos autores que no se limitan a repetirnos la historia objetiva ya contada, sino que arriesgan en ciertos trabajos, o muestran otros enfoques y nuevas posibilidades para algunos hechos históricos ya consolidados, con un escaparate real de fuentes. En materia militar, además, lo veo fundamental. Tampoco es igual escribir sobre un hecho nunca antes documentado al detalle o investigado en concreto, que sobre otros donde la bibliografía existente sea mayor. La popularidad incide en el mayor o menor grado de dificultad y Nieuport, desde luego, era un reto muy gustoso. Intento, si es posible, ir hacia lo poco publicado y conocido.

-¿Algún héroe de infancia?

Héroes fueron todos esos humanos que, en algún momento de sus vidas, les cupo la “suerte” de estar y sufrir en un campo de batalla. Algunas sociedades desarrolladas y poderosas del XVI o XVII, por no extenderme más, vivían con esa permanente realidad de la guerra. En mi infancia pensaba como muchos otros chavales, en los grandes líderes como Aníbal, Alejandro, Federico o Napoleón; ahora me suelen encandilar más aquellos otros líderes históricos, que están en un segundo escalafón como Pirro, Seleuco, Daun o Suvorov, por citar a otros similares de esos periodos y no acercarme a otros más arrinconados como Marcelo, Federico de Orange-Nassau, Laudon o Moreau.

-¿Autores favoritos?

Autores de historia militar extranjeros que me gusten, pues de memoria diría que Fuller, Keegan, Davis Hanson, Sekunda, R. Arnold, Turnbull, Barbero…y nacionales, citaría a Quesada, Albi, J.L. Sánchez, Rodríguez González, Sañudo, Bolaños, De Mesa y tantos otros que ahora no recuerdo.

-¿Qué aporta el viajar al lugar histórico donde se ha desarrollado la acción?

Variará esa aportación e importancia, según el grado de deterioro o modificación urbanística que tenga esa zona en cuestión. En mi libro sobre la campaña de Nieuport, aparte de visitar algunos museos más que interesantes en Holanda y Bélgica, junto a localizaciones presentes en el libro, tuve la suerte de encontrarme con un campo de batalla no tan transformado como me sugerían las imágenes modernas que había contemplado previamente. Fue una emoción increíble contemplar la gran explanada donde se asienta aún hoy la iglesia de Mariakerke, y su talud de dunas posterior intacto. Cruzar el canal de Nieuport, recorrer y contemplar la extensa playa en bajamar y pleamar, caminar y remontar por las elevadas dunas del interior y sentir la arena bajo mis pies con un sol duradero (con mi cámara réflex disparando sin cesar); considero que son actividades muy recomendables para cualquier aficionado o profesional de la historia militar. Puede cambiar algo la topografía y el propio litoral, mucho las edificaciones, pero las distancias kilométricas, el biotopo, las mareas y la climatología siguen estando ahí tan presentes como hace 414 años.

-¿Algún proyecto ahora en mente?

Estoy ultimando las dos partes de mi segundo libro con HRM ediciones. Una primera parte ensayística versará sobre el Japón Sengoku y los cambios o consecuencias producidas por la evolución de las armas de fuego y la artillería, en aquella atrayente sociedad belicosa. La segunda está enfocada hacia la gran batalla de Sekigahara y las grandes consecuencias que emanaron o terminaron con ella. Me interesa, tras acercarme y examinar a los humanizados Tercios de Flandes, o tratar en Desperta Ferro el honor japonés en un artículo, comparar asimismo el modo y forma de guerrear europeo con el que se estaba realizando desde hacía siglos, al otro lado del mundo. Además, ambas batallas comparten el mismo año de 1600. Esa casualidad fue, lo reconozco, irresistible y en eso estoy.

-Además de una notable actividad en revistas.

Sí, las revistas me han brindado la posibilidad de darme a conocer y siempre serán unos vehículos adecuados para seguir añadiendo experiencias a mi trayectoria. Ahora, junto a mi blog personal o mi actualización semanal en Facebook de Tucídidiano, he terminado algunos otros artículos para Ares Enyalius e Historia y Vida. Ah, se me olvidaba. Tengo desde hace unos meses otra idea -lo ideal sería en forma de libro, estoy abierto a sugerencias editoriales, por cierto- sobre otro remarcable hecho de armas de los Tercios durante el periodo comprendido entre 1618 a 1658 y que poca gente ha escuchado algo de él. Al menos, eso sí lo puedo decir, es una victoria terrestre. Y no me importaría tampoco atacar, algún día, una visión más ampliada sobre las Dunas o adentrarme más en algunas campañas del XVIII español o quizás netamente napoleónicas…en fin, tengo muchas “inquietudes” creativas en la cabeza.

-Gracias por sus respuestas.
Gracias a usted, ha sido un placer.