Peces espada contra castores: Los Swordfish contra los submarinos enanos alemanes

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Minisubmarino alemán Biber (castor) con torpedos. Ejemplar mostrado en el Royal Navy Submarine Museum de Gosport, Hampshire. Foto Wikimedia Commons.
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Otro ejemplar de Biber (castor) sin torpedos, en el Museo Alemán de Tecnología de Berlín. Sí, es el mismo chisme. Foto: Der Speigel.

De entre todos los posibles programas para producir armas revolucionarias hubo un sector que los alemanes descuidaron durante mucho tiempo. Y eso que era un campo en el que siempre habían mostrado mucho interés. Cuando el Reino Unido, Japón, incluso Italia ya habían tomado una amplia delantera.

Estamos hablando de los sumergibles enanos, capaces de hundir grandes buques gracias a su furtividad. Y mientras, por ejemplo, las V-2 llegaron a consumir un tercio de la producción total de alcohol del Tercer Reich, para elaborar su combustible, un sumergible de apenas cinco – seis toneladas  de acero podía hundir barcos que costaban millones de libras, con cientos de tripulantes a bordo, arriesgando la vida de un solitario submarinista alemán. En teoría, una relación coste-eficacia muy favorable.

Desde el comienzo de la guerra, la Kriegsmarine concentró sus esfuerzos en desarrollar submarinos con más alcance y mayor capacidad de carga, capaces de operar más lejos durante más tiempo. Aunque italianos e ingleses ya habían realizado varios raids sobre puertos enemigos en el Mediterráneo, la marina alemana no prestó atención al potencial de destrucción que tenían  los pequeños sumergibles enanos hasta que sufrieron los ataques de los ingleses en Noruega a finales de 1943, buscando destruir al crucero Tirpitz, una de las últimas  joyas marítimas que le quedaban al Tercer Reich.

Primeros experimentos

En las primeras acciones de la Kriegsmarine con los llamados “hombres K”  se emplearon los Neger (Negro), torpedos convertidos en minisubmarinos sencillamente quitando la carga explosiva, y colocando en su lugar un timón y un puesto de pilotaje. El piloto debía permanecer ahí sentado, sin moverse, durante toda la misión, sin posibilidad alguna de aliviarse fisiológicamente. La solución, empleada por todas las tripulaciones de estos minisubarinos, fueron las llamadas tabletas D-IX, con 3 mg de cocanía, 3 mg de la famosa anfetamina pervitin, y 5 mg de eukodal. Estas pastillas permitían mantener la concentración y los reflejos durante largos periodos de tiempo, al mismo tiempo que retardaban la actividad renal e intestinal. Los tripulantes de los minisubmarinos ingleses, por cierto, también tomaban otra anfetamina, benzedrina. Pero al tiempo que aumentaban la capacidad de concentración y disminuían el apetito, podía causar diarrea.

El engendro llevaba debajo otro torpedo, este sí con su carga explosiva completa. Como su autonomía no era precisamente elevada, una 20 millas, tenían que ser transportados hasta estar muy cerca de sus posibles blancos. Su primer empleo, contra el desembarco de Anzio en abril de 1944, fue un desastre. De 30 aparatos sólo 17 consiguieron salir al mar, pues a nadie se le ocurrió que para situarlos en el agua hacía falta una grúa. Fueron enviados a zonas donde no encontraron barcos enemigos. Y de esos 17, tres no volvieron.

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El Neger no contaba con suministro de oxígeno, así que debía navegar con la cúpula por encima del agua. Foto: Wikimedia Commons.
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Esquema del Neger del libro de Kemp. Los torpedos en este y en los demás modelos son siempre del mismo tipo, G7e, por lo que sirven para comparar el tamaño de los minisubmarinos.

Poco más tarde fueron de nuevo desplegados contra las playas de Normandía, al mes de haberse realizado el desembarco. De los 30 que se utilizaron en una primera salida, la noche del 5 de julio, sólo regresaron 14. En la siguiente incursión, la noche del día 8, de 21 submarinos lanzados ninguno regresó a la base. Los aliados ya estaban alertados por el intento anterior, y sus contramedidas fueron extremadamente eficaces. Cotejados los hundimientos de barcos de esos días, es posible que los Neger se cobraran dos dragaminas y una fragata, unos blancos demasiado pobres. Aunque los 200 ejemplares  fabricados se siguieron empleando, era evidente de que se necesitaba un medio más sofisticado, que por lo menos pudiera sumergirse completamente, y que tuviera más radio de acción. De entrada se les añadió un metro más de longitud, para que tuvieran sitio para más baterías y más autonomía, y se les cambió el nombre a Marder, pero no era más que otra solución de emergencia, hasta que hubiera disponible algo mejor.

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El Biber (castor)

La solución fue una copia basada en los restos del británico W-5 “Clase X” , destruido en Noruega en noviembre de 1943: el Biber (Castor) era un minisubmarino “de verdad” con motores de gasolina (sí, gasolina) y eléctrico, entrada y salida de lastre, oxígeno… capaz de navegar 130 millas en superficie, u 8 sumergido, con un tripulante y dos torpedos o dos minas. Probado hasta los 20 m de profundidad, la mala flotabilidad y la calidad de su periscopio le condenaban a tener que atacar en superficie. Pero era una evidente mejora. Este modelo fue sobre todo empleado para entorpecer el tráfico marítimo por el estuario del Escalda hacia los puertos de Amberes y Gante, que desde diciembre de 1944 son el punto de desembarco de un tercio de todos los suministros militares (y civiles) de la Europa liberada. El tráfico seguirá creciendo hasta alcanzar la mitad del tonelaje enviado a Europa por EEUU y Reino Unido. Hitler intentó cortar esta arteria vital atacando con todos los medios disponibles, desde las bombas volantes (Amberes recibió más V-2 que Londres) hasta los submarinos enanos.

Incluso se planeó un ataque del III./KG 66 de bombarderos “compuestos” Mistel, para destruir la esclusa de Kruisschans, en el río Escalda, a ocho kilómetros al noroeste de Amberes, lo que habría inutilizado el puerto. Pero era un objetivo demasiado protegido y al final no se llevó a cabo.

Apenas un submarino convencional, el U-245, cruzó el área de llegada de los convoyes hacia Amberes, siempre sumergido y empleando el Schnorchel. Un invento, por cierto, copiado de los submarinos neerlandeses. Consiguió hundir el 15 de febrero de 1945 un barco cisterna, el SS-Liseta, y regresar a su base.

…Contra el Pez Espada (Swordfish)

Alertados los británicos de la amenaza que suponían estos pequeños submarinos, se les combatió con una mezcla de medios, de los más modernos a los más anticuados de su arsenal. Para detectar a estos aparatos sobre todo de noche, en medio del invierno del Mar del Norte, se iban a emplear los más modernos radares de detección aire-superficie, capaces de marcar la existencia de un periscopio a 5 millas marinas (10 km) de distancia. Pero para llevarlos se eligió al avión más lento disponible, el ya casi retirado Fairey Swordfish.

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Swordfish Mark III NF410 NH-F del 119 Squadron de la RAF. La joroba entre el tren de aterrizaje es un modernísimo radar centimétrico ASV Mk X, capaz de detectar barcos a 25 millas (40 km) de distancia, y un periscopio, o snorkel, a 5. Foto: Imperial War Museum

Pese a su anticuado aspecto, el Swordfish se siguió fabricando hasta agosto de 1944. Por un lado, su sucesor como torpedero de la flota, el Fairey Albacore, había sido un fracaso, rápidamente sustituido por el sofisticado Barracuda. Y por otro, sus peculiares capacidades de vuelo lento, capacidad de carga, y bajas velocidades de despegue y aterrizaje, lo habían vuelto imprescindible para una serie de misiones antisubmarinas, operando en pequeños portaaviones en medio del Atlántico, lejos del alcance de la Luftwaffe. En los pequeños portaaviones de escolta, sin catapulta, podían operar muy pocos modelos, por ejemplo, los FM-1/-2 Wildcat. Pero los Swordfish ofrecían despegues y aterrizajes más seguros. Sus patrullas marítimas eran más eficaces, pues dos (o tres) pares de ojos podían ver más que el solitario piloto del Wildcat.

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Los Fairey Albacore (Atún blanco) contaban con cabina cerrada y calefacción, pero su motor no dio buen resultado. Fuente: Wikimedia Commons.

El 119 escuadrón de la RAF, que estaba empleando Albacore en patrullas antisubmarinas desde Norfolk, fue reconvertido a Swordfish Mark III, y emplazado en varias bases en la costa belga, (Maldeghem, St. Croix y Knocke-Le Zoute) para operar contra los submarinos enanos día y noche. También sirvieron de alerta temprana contra las V-2, que cruzaban sus áreas de patrulla.

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Fairey Swordfish Mark III del 119 Squadron RAF, con base en Knokke le Zoute, están siendo armados con bombas de 250-lb (113 kg) para patrullar el océano en busca de submarinos enanos. Foto: Imperial War Museum

El duelo entre los Biber y los Swordfish en las noches del Atlántico norte dependió en gran medida del azar. Y contaba además con el juez implacable de la meteorología del invierno de 1944-45. No terminó hasta mayo de 1945, pues hasta la rendición final los alemanes siguieron ocupando los Países Bajos y empleando estos aparatos. Los Biber aparte de intentar atacar el tráfico marítimo que se dirigía a Amberes con sus torpedos, realizaron misiones de minado, menos peligrosas pero posiblemente más eficaces. Incluso se les utilizó para intentar destruir puentes, como el del rio Waal en Nimega, en  enero de 1945.

Desde Róterdam hacia Amberes

Los Biber tenían su base principal en Róterdam, con puestos avanzados en Poortershavn y Hellevoetsluis, en la desembocadura del Waal/Mosa. Aunque consiguieron algún hundimiento, no puede decirse que fueran un éxito. Al finalizar el año 1944 han hundido un mercante con sus torpedos (el Alan a Dale de 4700 t) , pero no han regresado 31 de ellos. Y los aliados sólo han reclamado haber hundido 8.

Durante la noche del 29-30 enero de 1945 una salida de 15 Biber se salda con 1 hundido y 5 regresando dañados por choques con pequeños icebergs, otro varado en la playa de Hellevoetsluis después de 64 horas buscando un blanco. Y 5 desaparecidos, de los que nada más se supo.

A este duelo se unieron los Molch (Salamandra), un modelo de submarino de nuevo basado en la tecnología más simple de los torpedos, y que probó ser más desafortunado que el Biber en combate, aunque algo más seguro para navegar. Ya habían sido utilizados en el Mediterráneo. El comienzo de su despliegue en el Mar del Norte fue recibido por un bombardeo aliado sobre su base el 3 de febrero, que no causó daños en los sumergibles, pero sí en sus instalaciones.

En enero y febrero de 1945 no consiguieron ningún hundimiento por torpedos, aunque es posible que sí por sus minas. Pero 16 no han regresado.

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Molch en exhibición en el Museo Militar de Sudáfrica, Johannesburgo. Foto: NJR ZAWikimedia Commons.

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Operaciones en marzo de 1945 en el área de Amberes.

El 6 de marzo un accidente con un torpedo en la base hunde 14 Biber y daña otros 6. Se da la circunstancia de que esa noche habían salido 11 Biber, de los que no volvió ninguno.

La noche de 11 al 12 de marzo se intenta realizar una gran operación, con lanchas Lense, 15 Biber y 14 Molch. Sólo regresaron 2 Biber y 5 Molch. Los Swordfish reclamaron 2 hundimientos cerca de Schouwen-Duiveland, 4 en Westkapelle, 4 por las baterías costeras de Flesinga y Breskens, 1 por Spitfire en Walcheren, y otro por la fragata HMS Retalick, ya el día 13.

Tras estos fracasos, los Molch construidos se dedicaron al adiestramiento.

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El Seehund (Foca), el arma definitiva

Hasta 1945 no estuvo listo un desarrollo, por fin maduro, de esta arma: el bautizado como Seehund (Foca), o tipo XXVII. Un nuevo modelo que por fin aplicaba las últimas tecnologías en la materia desarrolladas en Alemania en submarinos oceánicos y costeros a los submarinos enanos. Era el más grande de todos, y además biplaza. Con los torpedos llegaban a desplazar 15 toneladas, mientras los Biber no pasaban de 6,5. Y operando en superficie podía utilizarse en un radio de 300 millas marinas. Empezaron a operar el 1 de enero de 1945, pero en las costas inglesas, mientras los Biber seguían en los aledaños de Amberes. Era silencioso, pequeño, y podía sumergirse en cinco segundos. Pero como pasaba con otras armas “milagrosas” alemanas, empezó a usarse sin estar madura, antes de resolver todos sus defectos, y llegó demasiado tarde como para ejercer algún tipo de influencia.

Por ejemplo, el 29 de enero 10 Seehund salieron de IJmuiden, 5 a Margate y 5 hacia South Falls. Sólo 2 llegaron a su zona de operaciones, pero el resto, aun con fallos mecánicos, consiguió regresar a la base.

El 16 de febrero hacen un intento en las aguas del estuario del Escalda, pero les va tan mal como a los Biber o Molch. Tienen más posibilidades en aguas abiertas, donde no hay tanta vigilancia.

En total, en enero hicieron 44 salidas, con 10 pérdidas. habiendo obtenido una presa, un mercante de 384 t. En febrero, 33 salidas y 4 pérdidas, habiendo conseguido hundir dos barcos (3691 t) y dañado otro de 2628 t. En marzo, salieron 29 Seehund, y sólo regresaron 20, pero hundieron tres barcos, que desplazaban conjuntamente 5267 t.

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Un Seehund que apareció varado en la playa de Domburgo, enero-febrero 1945. Foto: Imperial War Museum
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El equipo encargado de sacarlo posa para el fotógrafo. Foto: Imperial War Museum

Biber y Seehund fueron los responsables de llevar a cabo el acoso marítimo al tráfico interminable de barcos que tenían como destino los puertos de Amberes y Gante, en el estuario del Escalda. Lo cierto es que a estas alturas de la guerra la prudencia se había ido perdiendo. Los aliados no respetaban el silencio de radio, e incluso señalaban con balizas las rutas a seguir hacia Amberes, con lo que los pequeños submarinos no tenían más que situarse a los lados del camino marcado y esperar. Pero la vigilancia aliada era asfixiante. Ni siquiera hubo intentos de emplear los pequeños submarinos costeros tipo XXIII de 230 t y 14 tripulantes, en este escenario. Pese a su furtividad, se consideró más apropiado emplearlos lejos de un sector tan vigilado, y los pocos que llegaron a navegar consiguieron sus hundimientos en  Escocia o Northumberland.

En total, en marzo habían salido 56 Biber y Molch, y se perdieron 42.

El mismo Dönitz consideraba estas misiones como suicidas, pero siguieron sin faltar voluntarios para operar estos pequeños ataúdes en las gélidas aguas del Mar del Norte.

En abril, aun habiendo perdido su base de Róterdam, siguieron operando Biber desde el norte de Holanda. De 24 ejemplares que salieron ese mes, se perdieron 19, sin que lograran ningún hundimiento.

En abril los Seehund son los únicos que tienen algún éxito. Hacen 36 salidas y pierden sólo 3 máquinas. Han hundido un mercante de 7219 t, y dañado otro de 7176.

Sus últimas misiones, el 28 de abril y el 2 de mayo, fueron para llevar suministros (y correo) a la guarnición de Dunkerque, que seguía resistiendo el asedio por los franceses (y una brigada checoslavaca) desde septiembre de 1944.

Los destinados en Dinamarca y Noruega tuvieron más suerte, pues su misión era defensiva, esperar un posible desembarco aliado. Hubo un intento de realizar un ataque contra Murmansk, con tres submarinos convencionales transportando en el exterior tres Biber, pero durante el viaje los minisubmarinos resultaron dañados, y no llegaron a lanzarse.

Aunque había comenzado desde cero en diciembre de 1943, el programa alemán de construcción de submarinos enanos terminó adquiriendo una importancia considerable. Hasta el final de la guerra se habían construido unos 1500 ejemplares de siete modelos diferentes, incluyendo algunos que no pasaron de un puñado de prototipos. Su teatro de operaciones fue sobre todo el estuario del Escalda, pero operaron en todas las costas bajo el control del Tercer Reich, y siguieron acechando las costas inglesas hasta el mismo día final de la guerra en Europa.

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Swordfish Mark III NF374 ‘NH-M’, NF343 ‘NH-Q’ y  ‘NH-L’) del No. 119 Sq RAF. Los Swordfish podían volar muy lento y durante bastante tiempo, y con su radar y bombas (o cohetes) identificar y atacar la nueva amenaza alemana. Foto: Imperial War Museum

Epílogo español

Con el final de la guerra en Europa. los Swordfish fueron dados inmediatamente de baja en los escuadrones de combate. No se necesitaban en el Pacífico.

Los Biber y demás diseños fallidos fueron inmediatamente a la chatarra, pero los Seehund  aún siguieron sirviendo en la posguerra en la marina francesa, cuatro ejemplares que fueron dados de baja en agosto de 1953. Además, un grupo de ingenieros alemanes, liderados por el Dr. Erich Wolbrecht, fueron contratados por la Empresa Nacional Bazán en España, para seguir con el desarrollo de este submarino. Sólo se construyeron dos ejemplares, El SA-41 y SA-42, que formaron la llamada clase Foca. Los motores eran locales, un diésel Pegaso y un eléctrico CENEMESA, que doblaban la potencia de los originales. Tampoco es que tuvieran mucha prioridad, pues entre su puesta en quilla y puesta en servicio, pasaron nada menos que 10 años. Estuvieron en servicio de 1963 a 1969, más que nada para demostrar la capacidad de producción de los astilleros españoles de estas armas. Ambos minisubmarinos terminaron sus días en función ornamental, uno en Mahón y otro en Cartagena.

Las fotos que no se indica la procedencia, son propiedad del Imperial War Museum. Los dibujos, del libro de Paul Kemp.

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Biblografía:

Cuevas, Pablo. 2014. Amberes 1944. La campaña del estuario del Escalda. Madrid: Almena Ediciones.

———. 2018. Zelanda 1940-1944. Madrid: Almena Ediciones.

Delgado Giménez, Eduardo; Hombres K. Las fuerzas navales especiales de la Kriegsmarine. Revista SERGA nº 2, 1999.

Ford, B. J. 2011. Secret Weapons: Technology, Science and the Race to Win World War II. Osprey Publishing.
Forsyth, Robert. 2015. Luftwaffe Mistel Composite Bomber Units. Oxford: Osprey Publishing.
Harrison, W. A. 1987. Swordfish at War. London: Ian Allan Publishing.
Kemp, Paul. 1996. Underwater Warriors. 1.a ed. London: Arms & Armour Press.
Patterson, Lawrence. 2008. Donitz’s Last Gamble: The Inshore U-Boat Campaign 1944-45. Barnsley, UK: Seaforth Publishing.
Porter, David. 2010. Hitler’s Secret Weapons: Facts and Data for Germany’s Special Weapons Programme. Reprint edition. Amber Books.
Sturtivant, Ray. 2000. The Swordfish Story. 2nd Revised edition. London : New York: W&N.
Todos los detalles en este enlace sobre la clase Foca española Y por supuesto, www.uboat.net
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