Podcast sobre Zelanda 1940, el primer éxito de las Waffen-SS

Los Podcast, radio bajo demanda, están triunfando en Internet, y TamboresLejanos no podía permanecer más tiempo al margen. En este pequeño podcast de, ejem, casi cuatro horas, resumo la primera parte de Zelanda 1940/1944 El bautismo de fuego de las Waffen-SS y la llave de Europa, con la ayuda de Daniel CarAn y del equipo de CasusBelli, a quienes estoy muy agradecido por la difusión que han dado de mis tesis, pese a la distancia y a las dificultades técnicas de la grabación. Se puede escuchar en directo en el reproductor que figura más abajo, o descargar el archivo para escucharlo donde y cuando quieras, o acudir directamente a Ivoox donde Casus Belli tiene su canal.

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Peces espada contra castores: Los Swordfish contra los submarinos enanos alemanes

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Minisubmarino alemán Biber (castor) con torpedos. Ejemplar mostrado en el Royal Navy Submarine Museum de Gosport, Hampshire. Foto Wikimedia Commons.
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Otro ejemplar de Biber (castor) sin torpedos, en el Museo Alemán de Tecnología de Berlín. Sí, es el mismo chisme. Foto: Der Speigel.

De entre todos los posibles programas para producir armas revolucionarias hubo un sector que los alemanes descuidaron durante mucho tiempo. Y eso que era un campo en el que siempre habían mostrado mucho interés. Cuando el Reino Unido, Japón, incluso Italia ya habían tomado una amplia delantera.

Estamos hablando de los sumergibles enanos, capaces de hundir grandes buques gracias a su furtividad. Y mientras, por ejemplo, las V-2 llegaron a consumir un tercio de la producción total de alcohol del Tercer Reich, para elaborar su combustible, un sumergible de apenas cinco – seis toneladas  de acero podía hundir barcos que costaban millones de libras, con cientos de tripulantes a bordo, arriesgando la vida de un solitario submarinista alemán. En teoría, una relación coste-eficacia muy favorable. Seguir leyendo “Peces espada contra castores: Los Swordfish contra los submarinos enanos alemanes”

Y más malabares, realmente inéditos en su día

Segunda tanda de liquidaciones de Bibliostock de libros militares para aficionados al ruido y al jolgorio en forma de balas y petardos.

De nuevo a la venta ejemplares de La marcha de la muerte, aunque en edición bolsillo. Buen sabor de boca deja esta crónica sobre la retirada de Moore, un antecesor de Wellington poco afortunado. Transcurre por la exótica “ruta de la plata” de Extremadura a Galicia pasando por León. Pueden leer aquí la reseña que le hice en su día, y de la que me reafirmo.
Del resto de libros que componen esta segunda tanda de saldos no llegué a reseñar más, si bien me había leído unos cuantos. Norte contra Sur, de Jesús Hernandez, por ejemplo, ha sido hasta la reciente publicación por Turner de Secesión de Keegan, la única historia de la guerra civil estadounidense disponible en castellano.
La ventaja de su libro respecto a los traducidos es evidente desde las primeras páginas ¿Cuántos autores anglosajones recordarían siquiera los orígenes menorquines de Farragut, o prestarían atención a los españoles que participaron en esta guerra? Lo he vuelto a ojear, y me sigue pareciendo un muy buen libro, para nada envejecido.
No se puede decir lo mismo de este librito de autor francés sobre la ¿segunda? intifada, denominado La guerra fallida de Israel contra Hezbolá. Ya en su día rechinaba un poco. Cumple, con no demasiada solvencia, la labor de defender a Israel en este conflicto. A su favor, que es muy breve. Sólo para los muy completistas del enfrentamiento árabe-israelí.
Más enjundia muestra Herzog en su narración de La guerra del Yom Kippur. En su día me pareció demasiado centrado en las operaciones terrestres, teniendo en cuenta que el icono de este conflicto son las operaciones aéreas, con Phantoms y Mirages destruyendo Migs. Con los años me doy cuenta de que era un prejuicio mío, ahora soy mucho más  consciente del valor de la infantería. De nada sirve la guerra aérea en una guerra convencional si no existen unas tropas en tierra que puedan aprovecharla, como se ha visto recientemente en Siria e Irak. Recomendable.
Publicado gracias a su adaptación cinematográfica, Indigènes, cuyo título internacional intentaba recordar  a Glory / Tiempos de gloriaDías de gloria recuerda un hecho poco halagador para nuestro vecino del norte, que la mayoría de “franceses libres” que combatieron contra Alemania de 1940 a 1944 fueron norteafricanos musulmanes, con oficiales franceses y pieds-noirs.
Y eso es todo, de momento.

A la sombra del convoy

Guión de Toussaint, dibujo de Beroy: A la Sombra del Convoy.Tamaño: 23,5 x 31 Páginas: 96,  Color Encuadernación, Cartoné del bueno. ISBN: 978-84-679-2605-7 PVP: 22,00 €

Esta es una historia belga. Quizás por ello poco conocida fuera de este país. E incluso allí cada vez menos, pues las comunidades valona y flamenca mantienen visiones contrapuestas sobre la segunda guerra mundial, y en ninguna de las dos ajustan del todo estos hechos.
De todas formas, la historia del convoy número 20 lo cuenta mucho mejor esta página dedicada a los hechos,  o la misma wikipedia. Es el único ataque a un tren de deportados hacia Auschwitz realizado por la resistencia de un país occidental: los perpetradores, tres jóvenes de una minúscula organización de la resistencia (CDJ). Equipados con una pistola, una lámpara y papel rojo para simular una luz de emergencia, pararon en medio de la noche un tren con 1631 judíos con destino a Auschwitz, custodiados por una compañía de la  OrPo (policía militarizada alemana), unos 50 hombres armados con fusiles.
La historia de Toussaint, dibujada por Beroy, parte más o menos de los hechos reales para relatar una impactante historia de las relacciones más bien complicadas, entre los que asaltan el convoy, los que lo custodian, y quienes van encerrados en los vagones de ganado. No llega al nivel, digamos, de Memento, pero sí es algo complicadilla, pues abarca cuatro líneas temporales y una docena de personajes (tres principales).
Sigo a Beroy desde sus épicos inicios en las revistas de Tountain, en glorioso blanco y negro, y a primera vista no me parecía que fuera el más indicado para un tebeo de estas características, pero he de decir que realiza adecuadamente su labor, e incluso se cuida de dibujar el emblema de la OrPo en los cascos alemanes, o unos Typhoons que podría firmar Hugault.
Aparte del prólogo de uno de los supervivientes salvados del convoy y un par de páginas, poco más hay del concepto tradicional de “comic histórico” al que nos tiene acostumbrados el tebeo francófono. Historia redonda, autoconclusiva, de personas, prejuicios y malentendidos amorosos más que de guerras u holocaustos, merece un lugar en nuestras estanterías.

Los desertores de Stalin. Cómo los soldados del ejército rojo terminaron colaborando con Hitler

Edele, Mark: Stalin’s Defectors: How Red Army Soldiers became Hitler’s Collaborators, 1941-1945. Oxford University Press, Oxford, 2017. 254 páginas 70 € (más o menos). Versión digital, 49 €,

Bonus pack: https://iremember.ru/en/

Cuando en 1998 Beevor publicó su libro sobre Stalingrado, una de las novedades que presentaba ante sus lectores era el enorme número de exprisioneros del ejército rojo que colaboraban, e incluso combatían con el ejército alemán. Otra de las tesis sostenidas mayoritariamente por entonces, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, era que el ejército de la Unión Soviética, después de las enormes pérdidas de 1941, debidas a motivos puramente militares, se había convertido en un ejército fuertemente concienciado políticamente, con una enorme proporción de miembros del partido y de sus juventudes, y que gracias a su entusiasmo socialista había alcanzado la victoria.

Ambas afirmaciones no es que fueran contradictorias, sino que habrían más interrogantes de los que cerraban. ¿Por qué tomaron los alemanes al comienzo de Barbarroja a tantísimos prisioneros? ¿No se suponía que el ejército rojo, después de las purgas, estaba formado sólo por fanáticos estalinistas? ¿Por qué el NKVD seguía siendo tan enorme? ¿Cuántos se rendían sin disparar un solo tiro? ¿Cuántos cruzaban las líneas, desertando sin más? ¿Cuántos, de ambos colectivos, colaboraron con las fuerzas armadas alemanas? ¿Por qué motivos? ¿Cuántos, incluso, cogieron las armas contra sus antiguos compatriotas?
Las respuestas las proporciona en este librito Mark Edele, historiador alemán que desde la universidad de Australia Occidental lleva años desentrañando el alma soviética del siglo XX. El punto de partida lo pone en Ivan Kononov, un comandante de cosacos que se entregó con toda su unidad sin entrar en combate, y que tras varias peripecias colaborando con la Wehrmacht, y en la lucha antipartisana en Yugoslavia y norte de Italia, terminó en Australia, intentando hacerse útil ante el ejército australiano en la guerra fría.
Fuera de quienes se dejen llevar por sus anteojeras ideológicas, las conclusiones de Edele son sólidas y están perfectamente justificadas. No es imposible, pero sí muy improbable que aparezcan nuevas fuentes documentales sobre esta cuestión, pues si bien los archivos soviéticos en la práctica están cerrados a los extranjeros, Edele ha consultado en este caso las copias de los expedientes de los interrogatorios de los travniki y otros colaboracionistas que compró en su día el Us Holocaust Memorial Museum.  Eso sí, no busquen un análisis cuantitativo exhaustivo, pues llevaría décadas. No están todos los expedientes que guardan los soviéticos, pero sí miles de ellos, cada uno de ellos de decenas o centenares de páginas, escritas muchas veces a mano. Aparte están los interrogatorios realizados por los alemanes, abundantes a partir de marzo de 1942. El gran agujero es Barbarroja, pero en 1941 a la Wehrmacht le importaba poco que los prisioneros se hubieran rendido o hubieran desertado voluntariamente, estaba demasiado ocupada intentando ganar una Blitzkrieg, y la URSS el no perderla. Aunque algún mandamás del Abwehr o de la GFP hubiera querido saber el número exacto de prisioneros tomados en los primeros meses, y sus motivaciones, le habría resultado tremendamente difícil, aun contando con recursos suficientes, saber las motivaciones de los ivanes, pues casi el 80% se rindieron en embolsamientos sin disparar un sólo tiro. En 1941, por cada soldado soviético muerto en combate, había tres o cuatro que preferían rendirse. No sabían qué trato les darían los alemanes, pero sí lo que dejaban en la retaguardia.
Las conclusiones de Edele señalan que, incluso al final de la guerra, una minoría significativa de los prisioneros del frente del este eran desertores, que cruzaban voluntariamente las líneas enemigas. Establece un mínimo del dos por ciento, que pueden parecer pocos, pero incluso ese mínimo dos por ciento supone centenares de miles de hombres que tomaron voluntariamente la decisión de cruzar las líneas enemigas para entregarse en manos de los invasores de la madre patria, con un considerable riesgo para sus vidas. Otro millón y medio desertaron hacia el interior de la URSS, y fueron detenidos por los servicios de seguridad soviéticos. Unos 212.000 tuvieron más suerte y consiguieron ocultarse entre la población civil, y no fueron encontrados.
En comparación, en los ejércitos occidentales desertaban un 0,02 % de soldados, pero sólo hacia su segura retaguardia. En la práctica el Us Armysólo fusiló a un desgraciado por negarse a reincorporarse al frente, una historia bastante conmovedora que contó Maclean hace tiempo.
Como siempre, ver sólo los porcentajes puede resultar engañoso, pues cuando menos prisioneros se capturan, la proporción de los desertores aumenta, y sorprende comprobar, por ejemplo, que en la segunda mitad de 1944 nada menos que el diez por ciento de los prisioneros capturados por una Wehrmacht en retirada eran desertores.
Las tasas de rendición del ejército rojo lógicamente fueron disminuyendo, pero siempre fueron mayores que las del resto de contendientes. Consuelo para los sovietófilos: son semejantes a las de la primera guerra mundial. Hasta el mismo año de 1945 fue un problema importante, y la principal preocupación del NKVD. Pero igual que no todo el ejército soviético era un bloque motivado por el amor a la patria y al padrecito Stalin en la lucha contra el invasor fascista, los desertores no eran heroicos resistentes contra la barbarie comunista y los opresores nacionalistas rusos, sino que respondían a sus propios intereses. Como señaló un interrogador alemán en marzo 1942, si todo lo que contaban los desertores fuera cierto, hace tiempo que toda la URSS habría muerto de hambre y frío. Los desertores tendían a contar  lo que creían que querían oír los alemanes, a quienes poco interesaba el que les contasen su propia propaganda, y sólo buscaban información táctica útil.
No me alargo más, por no caer en spoilers. En definitiva, con el permiso de Reese, un interesantísimo estudio, fundamental para entender el frente principal de la segunda guerra mundial, y el fenómeno de los hiwis, que ante todo buscaron sobrevivir entre los dos estados totalitarios más poderosos que haya conocido el planeta. No lo tuvieron fácil. Más que héroes o traidores, fueron seres humanos atrapados entre dos enormes organizaciones sobre las que no sintieron ninguna lealtad, pues a su vez nunca sintieron que les importase su vida. Eran carne de cañón para ambos lados del frente. Complementar esta lectura con el tocho reciente de Thomas Kühne, o con el estudio del mismo Edele de la sociedad estalinista es voluntario, pero casi obligatorio para quien escribe estas líneas. Seguiremos informando.

La caída de Francia y la Blitzcosa, de Lloyd Clark

LLOYD CLARK: BLITZKRIEG. Mito y realidad en la guerra relámpago de Hitler: Francia, 1940. Editorial Pasado & Presente Barcelona 2017. (Atlantic Monthly Press, Nueva York 2016) Traducción de Gonzalo García. 474 pgs. Cartoné y sobrecubierta, 39 €

Doctrina,  doctrina, doctrina. El autor es uno de esos apasionados por la doctrina. Si alguien no lo ha pensado antes, no lo ha puesto por escrito y no ha desarrollado unos manuales y procedimientos,  los militares no saben que existe. Es casi justo lo contrario de Frieser, el gran desmitificador de la Blitzkrieg, allá por 1995. Se agradece en todo caso la introducción teórica, no exhaustiva pero sí significativa. Pero mantiene una de las omisiones más fragrantes de Frieser: Polonia. Que sí, que lo de invadir Austria aun sin pegar un sólo tiro fue muy importante a la hora de desplazar tantísimos vehiculos tantísima distancia, pese a que eran recibidos con flores y banderitas. Y ocupar los Sudetes y después Chequia también. Pero como siempre Polonia se despacha con dos líneas. Ese mes combatiendo contra un enemigo real parece que fue menos importante para el desarrollo de la Blitzcosa que las excursiones pacíficas a Viena y Praga.

Por lo demás, estamos ante una excelente y actualizada obra sobre la Blitzkrieg, digamos al estilo Beevor, que combina movimientos militares con testimonios de gente corriente que vivieron en la época. Claro que hay una diferencia inmensa con, por ejemplo, Cornelius Ryan, que pudo hablar con la mayoría de los protagonistas de sus libros, mientras ahora debemos conformarnos con el testimonio de los poquísimos que, simplemente, aún estaban vivos cuando los interrogó el autor, fundamentalmente por haber sido entonces muy jovencitos.

Se agradece la exposición bastante detallada de la doctrina francesa, y no sólo la descripción de las poderosas fuerzas alemanas. Digamos que cada país se preparó para una guerra distinta, pero una vez comenzados los tiros el ser metódico (y lento) no sirve de mucho cuando no sabes dónde está tu oponente, o lo rápido que se mueve. Aunque en las batallas de junio y en los fuertes de la Maginot los franceses demostraron que sabían combatir, era ya demasiado tarde como para conseguir algo más que retrasar algo la derrota.

Siendo el autor inglés, hay una constante voluntad exculpatoria de las responsabilidades de su nación en la derrota. Ah, y sus soldados son los únicos sobre los que cometen crímenes de guerra los despiadados Waffen-SS, sin que mencione para nada otros sucesos, ya que las víctimas no eran inglesas.

Que por supuesto, la derrota es fundamentalmente francesa, y que sí, que Francia y el Reino Unido eran muy débiles en 1937 y 1938… pero ¿y si lo comparamos con la Wehrmacht de entonces, que por ejemplo aún no tenía nada más potente en tierra que treinta Pzkpfw III? Tampoco dedica demasiado a la cuestión de la neutralidad belga, que por un lado motivó que aumentasen su gasto en defensa, pero por otro propició la pasividad aliada, pues no había más remedio entonces que esperar a la agresión alemana para operar en su territorio. ¿Una actitud más decidida del Reino Unido podía haber cambiado las cosas? Chi lo sa. 

En la descripción de las acciones bélicas sigue una buena mezcla de fuentes ‘antiguas’ (Lidell Hart, Churchill, Colville a fin de cuentas son primarias, pero no Horne o Williams),  con ‘nuevas’ como Doughty, Frieser, Citino, Robert Kershaw… Cielos, parece que ha sido Ediciones Salamina (antes Platea) quien ha patrocinado la realización de este libro, pues una buena cantidad de sus referencias las han traducido ellos…

El tratamiento de la famosa orden de detener a las divisiones blindadas ante Dunkerque, y dejar la labor únicamente en manos de la Luftwaffe es de lo más novedoso de esta obra, y permitan que no se lo destripe aquí. Digamos que no se trata sólo de quién firmó la orden, sino las discusiones y los motivos para hacerlo.

Las conclusiones son jugosas, aun sin ser revolucionarias. Los mandos franceses no eran irresponsables, incompetentes o necios; sobre todo, eran los elegidos por los políticos para el mando. Los alemanes ganaron más por cómo usaron los medios que tenían, que no por la calidad de los mismos. Aunque Clark no lo mencione, las tropas aliadas contaban con más medios de transporte y de combate motorizados y sobre orugas que no los alemanes, aparte del tópico de siempre de comparar cañones y corazas. Lo que sí resalta es la importancia de la logística alemana, que permitió que no se frenara el avance por falta de combustible o munición. Más que recordar la calidad y ventaja numérica de la Luftwaffe, Clark resalta sobre todo su impacto psicológico, mayor que el efectivo. Hacían más daños las trompetas de Jericó que no las bombas.

Vamos, que no está mal, pero no es un Bergström  (o un Frieser). Es más bien pues eso, un ‘Beevor’, también mucho más legible para quienes les aburren tanto movimiento de tropas. Pero claro, Bergström no cometería errores como escribir que la división de caballería alemana (sólo había una) estaba motorizada, o que la mitad de los carros de Rommel eran checos, y la otra mitad Pz III y IV.

La traducción y edición, excelentes, por fin una traducción sin “señaleros” mandando mensajes, o “pioneros” colocando puentes. En las notas se indican las ediciones que ha empleado el autor, pero en la bibliografía se han localizado los títulos traducidos al español, un trabajo que siempre es de agradecer, más aún cuando ninguno pertenece a esta editorial.

Este trabajo, por supuesto, tiene un precio. 478 páginas (incluyendo las de cortesía), por 39 euros. El Barbarroja de Bergström de la misma editorial, publicado el año pasado, también salió a 39 euros, aunque tiene 100 páginas más, 592. El de las Ardenas, de 800 páginas, en 2015… sí, también salió a 39 euros… Ahora está disponible en tapa blanda. Menos mal.

Aquí comprobando fuentes. Curioso, los diarios de Colville ¡están traducidos! No dejará de asombrarme la devoción churchilliana de los editores españoles.

De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia…

 

 

Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.

 

A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando…