Pues yo no leía Interviú

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Susana Estrada era más de Lib.

Sí, ya sé que debería llorar por la desaparición de esta revista, (y de Tiempo) pero reconozco que no la compré nunca. Sus desnudos, la verdad, nunca me emocionaron. Frente a las mujeres esplendorosas (¡y los contenidos!) de Playboy o Penthouse no había color. Penthouse sacaba en pelotas a la exmujer de Stallone, Playboy entrevistaba a Norman Mailer… ¿debería preferir ver en porreta al ex director de la Guardia Civil. o a Lola Flores? ¿Los exquisitos relatos de las revistas americanas, con las columnas de Emilio Romero o Vizcaíno Casas? Sí, acabo de mirar en su página web, y veo que entre los columnistas de ahora están nada menos que Millas, o Ramón de España… pero qué quieren que les diga. Uno recuerda la revista de cuando se la cogía a escondidas a sus tíos. Pero sólo la leía en la peluquería de la calle Roma, y porque no era cuestión de andar mirando los desnudos descaradamente.

Para mi yo adolescente, Interviú junto con Lib y Macho, conformaban la trilogía de lo cutre, dentro de mi pequeño negocio de intercambio de revistas pornográficas. Y eso antes del descubrimiento de Private y similares. Nadie las quería, y se cotizaban mucho más bajo incluso que la insulsa Lui. Seguir leyendo “Pues yo no leía Interviú”

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Repitan conmigo: fumar perjudica seriamente la salud

mh-amsAlfonso Mateo-Sagasta: Mala hoja. Editorial Reino de Cordelia. Páginas: 176. Rústica con sobrecubierta de Miguel Navia. Papel suavecito pero satinado, no recomendable para liar cigarrillos. ISBN-13: 978-8416968275. Precio: 16,95 €

Antes, que nada, sepan que odio a este autor desde que leí La oposición. Es un odio profundo, espeso cual melaza de ingenio azucarero, Ardiente como el palo de cedro con el que los entendidos encienden los habanos. Negro y rojo, como la espalda de cualquier negro bocabajo. Gris rencor, como el acumulado durante siglos entre historiadores y arqueólogos. Azul profundo, helado, como los ojos de las mulatas especialmente diseñadas por los negreros de crianza. Mi rencor, mi inquina, sólo ha podido aumentar con la lectura de su nueva novela. Redondeada, que no redonda. Histórica, que no complaciente. Negra, pero (algo) demasiado literaria. Imposible evitar el juego de palabras. Pero su contenido es negro, y no policíaco. Además, el autor lo avisa en la página 12: en la realidad siempre acaba ganando la muerte.

Lleve uno quince años sin fumar, para esto.
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Y más malabares, realmente inéditos en su día

Segunda tanda de liquidaciones de Bibliostock de libros militares para aficionados al ruido y al jolgorio en forma de balas y petardos.

De nuevo a la venta ejemplares de La marcha de la muerte, aunque en edición bolsillo. Buen sabor de boca deja esta crónica sobre la retirada de Moore, un antecesor de Wellington poco afortunado. Transcurre por la exótica “ruta de la plata” de Extremadura a Galicia pasando por León. Pueden leer aquí la reseña que le hice en su día, y de la que me reafirmo.
Del resto de libros que componen esta segunda tanda de saldos no llegué a reseñar más, si bien me había leído unos cuantos. Norte contra Sur, de Jesús Hernandez, por ejemplo, ha sido hasta la reciente publicación por Turner de Secesión de Keegan, la única historia de la guerra civil estadounidense disponible en castellano.
La ventaja de su libro respecto a los traducidos es evidente desde las primeras páginas ¿Cuántos autores anglosajones recordarían siquiera los orígenes menorquines de Farragut, o prestarían atención a los españoles que participaron en esta guerra? Lo he vuelto a ojear, y me sigue pareciendo un muy buen libro, para nada envejecido.
No se puede decir lo mismo de este librito de autor francés sobre la ¿segunda? intifada, denominado La guerra fallida de Israel contra Hezbolá. Ya en su día rechinaba un poco. Cumple, con no demasiada solvencia, la labor de defender a Israel en este conflicto. A su favor, que es muy breve. Sólo para los muy completistas del enfrentamiento árabe-israelí.
Más enjundia muestra Herzog en su narración de La guerra del Yom Kippur. En su día me pareció demasiado centrado en las operaciones terrestres, teniendo en cuenta que el icono de este conflicto son las operaciones aéreas, con Phantoms y Mirages destruyendo Migs. Con los años me doy cuenta de que era un prejuicio mío, ahora soy mucho más  consciente del valor de la infantería. De nada sirve la guerra aérea en una guerra convencional si no existen unas tropas en tierra que puedan aprovecharla, como se ha visto recientemente en Siria e Irak. Recomendable.
Publicado gracias a su adaptación cinematográfica, Indigènes, cuyo título internacional intentaba recordar  a Glory / Tiempos de gloriaDías de gloria recuerda un hecho poco halagador para nuestro vecino del norte, que la mayoría de “franceses libres” que combatieron contra Alemania de 1940 a 1944 fueron norteafricanos musulmanes, con oficiales franceses y pieds-noirs.
Y eso es todo, de momento.

Inéditos Malabares. Retorno a nuestro Suribachi.

Dado el carácter acomercial de este blog, no pongo enlace; no creo que haga falta, ni que los señores de Bibliostock me lo agradezcan con prebendas o jamones. Pero acaban de revolver entre sus almacenes y llevan a primera fila una buena cantidad de títulos de las extintas editoriales Inédita y Malabar, varios reseñados aquí, en este su blog favorito.

La primera recomendación impepinable: las memorias de Manstein. Como toda autobiografía, miente más que escribe, pero su visión ha marcado la historia de Alemania durante los 50 años siguientes. Y además escribe bien, y dicen que la traducción (de 1956) le hace justicia. Sigue siendo una obra imprescindible para cualquier aficionado a la SGM.

La segunda es… “Barbarroja” de Glantz, imaginativamente retitulado por el editor español. Antes de Stalingrado. Hay que advertir de que se trata de un “Glantz menor”, escrito para una colección de divulgación, que parecía querer retomar la senda de los Ballantine de los 70. Glantz ahora está de moda, gracias a la fiebre despertoférrica. Si no os atrevéis con Bergström,  éste es vuestro título.

Seguramente el editor no quiso repetir título con Glantz cuando hacía poco había publicado Operación Barbarroja, creo que el segundo libro de Lozano, aunque el primero en publicarse. Un trabajo encomiable y que ha envejecido bastante bien, mejor que su visión de la batalla de Kursk, superada por posteriores descubrimientos en los archivos soviéticos.

Aquí está la reseña que le hice. Y sigue siendo una lectura recomendable, muy adecuada y adaptada para lectores españoles.

Todavía quedan ejemplares de la edición en bolsillo de otro título reseñado aquí  Los últimos nazis. El movimiento de resistencia alemán 1944-47,que yo recuerde el único estudio traducido al castellano sobre este tema, bastante interesante y desmitificador.
Otro título muy, muy recomendable, varias veces reeditado en español pero siempre con una pésima mercadotecnia: Batallas decisivas de la segunda guerra mundial. 
El señor de la portada no tiene nada que ver. Este libro recoge una serie de escritos de grandes generales alemanes, que cuentan literalmente “sus batallitas”, Evidentemente, si queremos conocer en detalle el desarrollo de la batalla de las Ardenas no podemos quedarnos con lo que dice aquí von Manteuffel, pero sin duda lo que cuenta él y el resto de autores de este libro es muy, muy interesante.
Y qué decir de una de mis batallas favoritas, la de Iwo Jima, título reseñado aquí.
Pacific Alamo. La batalla por la isla de Wake será muy raro que vuelva a reeditarse; estudio minucioso de la más original batalla del Pacífico, en la que son los japoneses quienes desembarcan, y los estadounidenses los que resisten en la islita. También tuvo su reseña.
Igualmente reseñada en este su blog favorito,  debería estar El puente Pegasus. Aún recuerdo el cuelgue del navegador que impidió que compartiera con el resto del universo mi (buena) opinión de este libro.

¡Y qué decir de Un puente lejano! un clásico de la literatura bélica. Aunque sus tesis han quedado superadas por nuevos estudios históricos, la narrativa de Ryan no ha pasado ni mucho menos de moda; ya quisieran muchos autores vivos llegarle al talón de sus botas de paraca:

Después de tanta recomendación de testimonios alemanes y de escritores anglosajones, qué menos que visitar otros puntos de vista: las memorias de Rokossovski el deber de un soldado siguen siendo pero que muy legibles, dentro de ese género tan sufrido que son las autobiografías, y más aún las soviéticas escritas antes de 1989. La narración comienza cuando llaman al futuro mariscal para que se reincorpore al ejército, ante la agresión alemana; lo que no cuenta Rokossovski es que entonces estaba en el Gulag, donde había perdido todos los dientes.
Igualmente recomendables son las memorias de Anders, Sin capítulo final, también muy de guerra fría. Pocos tiros, mucha autobiografía, es el menos militar de los libros que he destacado aquí, aunque resultan muy interesantes, por ejemplo, episodios tan poco conocidos como su participación en la campaña de 1939. Recomiendo acompañar su lectura con la de la novela Las golondrinas de Montecassino” de Helena Janeczek, aunque no esté de saldo.

 

Y eso es todo, amigos, que dirían en Looney Tunes. No, no recomiendo aGuy Sajer, de dudosa historicidad, o los libros del impostor Paul Carell, en realidad el SS-Obersturmbannführer Paul Karl Schmidt, Pressechef del ministerio de Exteriores de Ribbentrop. No porque sean buenos impostores o malos escritores, sino porque no los he leído.

La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán

Manuel Alberca: La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán Tusquets Editores: Colección Tiempo de Memoria. Número de páginas: 776.  Barcelona 2015. Encuadernación: tapa blandísima, eso sí, con solapas, y con el lomo bien pegado.
ISBN: 9788490660720.

Siguiendo las corrientes de moda del pensamiento actual, tenemos nueva biografía desmitificadora de otra de las grandes figuras del pasado. Después de la de Gregorio Morán sobre Ortega, de que González Cuevas consiguiera que nos diera pena el inaguantable Maeztu, o de que Gil Bera destrozase la imagen de ancianito entrañable de Baroja, ahora le toca a Valle-Inclán, posiblemente más famoso y a la vez menos leído (sobre todo actualmente) que todos los anteriores.

Una buena biografía debería ser, ante todo, una herramienta para comprender mejor las acciones del biografiado que de verdad importan; en el caso de escritores, su obra. Este propósito Alberca lo cumple apenas. En contraste con las biografías de Lorca de Gibson, la de Borges de Williamson o la de Kafka de Hayman, la obra de Valle-Inclán se asoma poco entre las páginas de Alberca, sólo lo imprescindible. Consuelémonos señalando que, de todas formas, el elemento autobiográfico tiene poca importancia para ValleAlberca, como Bera con Baroja, pero con menos saña, se esfuerza en desmontar la leyenda de su vida, esa imagen creada con tanto mimo por el autor y sus contemporáneos acerca de la pobreza y la bohemia del Madrid literario de principio de siglo. El demoledor Albercanos revela, inmisericorde, que todo era una pose. Inclán era un señorito de provincias, al que nunca faltó no ya lo suficiente para vivir, sino para vivir bien, y casi desde el principio mantuvo en Madrid un criado a su servicio, Paralelamente a su carrera literaria tuvo una de empresario teatral y de editor de sus propias obras en la que no le fue tan mal, aunque no tanto como le habría gustado. Famoso casi antes de publicar nada gracias a su vestimenta y sus extravagancias capilares, Valle siempre ha sido más famoso que leído. Ni las ventas de sus libros ni las entradas de sus obras colmaron nunca sus expectativas, y en ocasiones ofreció en remate los últimos ejemplares de sus primeras ediciones, que ahora valen potosí y medio. Pese a que su carlismo era mucho más que una pose, recibió tanto de la monarquía alfonsina como de la república todo tipo de momios y carguetes, que le permitieron vivir quizá no con la displicencia de un marqués, pero sí con la holgura de un notario. En cuanto a su dimensión amorosa, Alberca prefiere considerar injustificados los celos de su mujer antes que meterse en berenjenales difíciles de dilucidar. Las cuentas con las librerías, con los teatros, los contratos de alquiler y de compra dejan rastros documentales,  Las posibles infidelidades de Valle, o las justificaciones de las excesivas suspicacias de doña Josefina no lo han hecho.

Ramón José Simón Valle Peña a los 28 años, en 1894.
Del libro de Dianella Gambini La Sonata de Primavera  de Valle-Inclán

¿Por qué leemos biografías de escritores? ¿Por qué no nos basta con sus obras? ¿A qué ese afán en meternos en su vida privada? La respuesta a ese enigma supongo que se encuentra en las cifras de audiencia de Tele5. Como animales sociales tenemos la necesidad de agruparnos y separarnos, para tirarnos besos o coprolitos. Todos conocemos a quien no lee a Borges por alguna anécdota antipática, o porque le cae mal María Kodama. O a García Márquez  o a Vargas Llosa por sus ideas políticas. O por su actual pareja. Para un prócer que no se lía con una jovencita…

Vallle-Inclan en 1911. Wikimedia Commons.

Lo cierto es que la belleza de las Sonatas no estriba en que sea cierto o impostado lo que cuentan, y la grandeza de Max Estrella no reside en su contraste con el Sawa auténtico, o con la billetera de Valle. Nos escandalizamos por el rechazo de los respetables burgueses a Rimbaud o Verlaine, por el juicio por inmoralidad al Ulises de Joyce, pero ¿quién lee o representa hoy a Alfonso Sastre, o se toma en serio a Arrabal? 

La biografía de Baroja por Gil Bera fue ampliamente rechazada y ninguneada por los barojianos de pro. (Sí, la compré de saldo). Esta de Valle, menos desmitificadora, parece que sí es aceptada, aunque no demasiado, por los admiradores del manco gallego, quizás porque es muy semejante a la que ha escrito Joaquín Valle-Inclan, nieto del escritor, que parece que llega a las mismas conclusiones. Lo cierto es que no  hace falta ninguna de las dos para seguir disfrutando de su obra. Esta reseña, por cierto, me pilla a medias de la lectura de Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada, un autor cuya imagen pública siempre me había provocado rechazo, y ante cuya obra no puedo por menos que quitarme el sombrero y realizar una amplia reverencia.

Valle-Inclán se merece algo más que esta o cien nuevas biografías. Se merece que volvamos a leer sus Sonatas, en una nueva edición exquisita e ilustrada, o que nos olvidemos por unos instantes de los vídeos de gatitos y recordemos que muchas de sus obras están a nuestra disposición en internet,  y que podemos ver, por ejemplo, su trilogía militar-esperpéntica Martes de Carnavalgrabada en 2009,  con un simple golpe de clic.

A la sombra del convoy

Guión de Toussaint, dibujo de Beroy: A la Sombra del Convoy.Tamaño: 23,5 x 31 Páginas: 96,  Color Encuadernación, Cartoné del bueno. ISBN: 978-84-679-2605-7 PVP: 22,00 €

Esta es una historia belga. Quizás por ello poco conocida fuera de este país. E incluso allí cada vez menos, pues las comunidades valona y flamenca mantienen visiones contrapuestas sobre la segunda guerra mundial, y en ninguna de las dos ajustan del todo estos hechos.
De todas formas, la historia del convoy número 20 lo cuenta mucho mejor esta página dedicada a los hechos,  o la misma wikipedia. Es el único ataque a un tren de deportados hacia Auschwitz realizado por la resistencia de un país occidental: los perpetradores, tres jóvenes de una minúscula organización de la resistencia (CDJ). Equipados con una pistola, una lámpara y papel rojo para simular una luz de emergencia, pararon en medio de la noche un tren con 1631 judíos con destino a Auschwitz, custodiados por una compañía de la  OrPo (policía militarizada alemana), unos 50 hombres armados con fusiles.
La historia de Toussaint, dibujada por Beroy, parte más o menos de los hechos reales para relatar una impactante historia de las relacciones más bien complicadas, entre los que asaltan el convoy, los que lo custodian, y quienes van encerrados en los vagones de ganado. No llega al nivel, digamos, de Memento, pero sí es algo complicadilla, pues abarca cuatro líneas temporales y una docena de personajes (tres principales).
Sigo a Beroy desde sus épicos inicios en las revistas de Tountain, en glorioso blanco y negro, y a primera vista no me parecía que fuera el más indicado para un tebeo de estas características, pero he de decir que realiza adecuadamente su labor, e incluso se cuida de dibujar el emblema de la OrPo en los cascos alemanes, o unos Typhoons que podría firmar Hugault.
Aparte del prólogo de uno de los supervivientes salvados del convoy y un par de páginas, poco más hay del concepto tradicional de “comic histórico” al que nos tiene acostumbrados el tebeo francófono. Historia redonda, autoconclusiva, de personas, prejuicios y malentendidos amorosos más que de guerras u holocaustos, merece un lugar en nuestras estanterías.

La cartera del cretino

 

Presentación tremendamente cuidada,
traductor de lujo… e incluye e-book.

KURT VONNEGUT:  LA CARTERA DEL CRETINO. ISBN: 9788415996033. MALPASO EDICIONES, Barcelona 2015. 144 págs. Encuadernación: Tapa dura, lomo de colores. Incluye e-book. 18,5 €

Si las novelas de Vonnegut no son para cobardes, sus relatos son aún menos recomendables para pusilánimes y comeflores. Tampoco es que haga falta ser un míster Atlas del pensamiento filosófico, un apóstol del pesimismo tipo Max Weber, pero lo cierto es que ayuda. Es lo que tiene ser uno de los escritores más corrosivos, inquietos y con más mala baba del siglo XX, que además combina con un sentido del humor sutil y despiadado.

Ambrose Bierce, a su lado, es un optimista compulsivo, una Pollyannadecimonónica. Lo terrible de Vonnegut, además, es su capacidad para el disimulo y el aparente buenrrollito. Es capaz de contarte el genocidio armenio con una sonrisa, la extinción de la humanidad como una sucesión de chistes, el bombardeo de Dresde como una novelilla de ciencia ficción de a duro. Lo siento por Updike, por Carver, por Roth, por Theroux. Vonnegut es el puto amo de la literatura anglosajona del siglo XX. Da igual que se dejara bigote.

Y lo cierto es que a mí el Vonnegut que me gusta es el de las novelas; sigo recordando el mazazo que me supuso leer “la pianola” o “madre noche” de ese saldo de Bruguera, pues de saldo he comprado la mayoría de sus libros, muchos de ellos hoy inencontrables y sin reeditar en castellano. Pero he de confesar que el Vonnegut hoy más popular, el de frases y aforismos, tan fáciles de difundir por el internete este, nunca me había llamado la atención. Prefiero cualquiera de sus novelas a sus Guampeteros, fomas y granfalunes. Por eso, aunque compré este librito cuando salió, no lo leí de inmediato, pues el texto de la solapa permite deducir que no es más que un batiburrillo de los últimos escritos del genio de Annápolis, una serie de relatos que aún no se habían reunido en forma de libro. Obras menores. En suma, los típicos retales que se publican después de la muerte de un gran escritor, y que compramos los fanáticos aun sabiendo que son perfectamente prescindibles.

Y no es así. No he tenido ganas de mirar las circunstancias en las que ha sido reunido el material para este libro, porque no siempre quiero saber quiénes son los reyes magos. Casi todos los relatos de este volumen responden a la misma premisa: las apariencias engañan. Las moscas no siempre tienen razón, aun siendo millones, y a todos no tiene por qué gustarnos, por ejemplo, la mierda que exhalan nuestros televisores. Y eso que, ay, Vonnegut no llegó sufrir la era de los realities.

El cretino no lo es tanto, y emplea su cartera de valores de una forma que termina por despertar la admiración de su corredor de bolsa. El agente del FBI en realidad es un orgulloso autor teatral. París no arregla el amor perdido. Y Annápolis es el centro del mundo, si no del universo, con el permiso de Trafalmadore. También incluye un cuento inacabado y un ensayo que me suena haberlo leído ya en otro sitio. Pero en general se puede decir que trata de lo que trata toda la obra de Vonnegut: la increíble capacidad que tiene el ser humano para ser un estúpido, o para aparentarlo. Casi nunca ambas cosas a la vez.