Peces espada contra castores: Los Swordfish contra los submarinos enanos alemanes

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Minisubmarino alemán Biber (castor) con torpedos. Ejemplar mostrado en el Royal Navy Submarine Museum de Gosport, Hampshire. Foto Wikimedia Commons.
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Otro ejemplar de Biber (castor) sin torpedos, en el Museo Alemán de Tecnología de Berlín. Sí, es el mismo chisme. Foto: Der Speigel.

De entre todos los posibles programas para producir armas revolucionarias hubo un sector que los alemanes descuidaron durante mucho tiempo. Y eso que era un campo en el que siempre habían mostrado mucho interés. Cuando el Reino Unido, Japón, incluso Italia ya habían tomado una amplia delantera.

Estamos hablando de los sumergibles enanos, capaces de hundir grandes buques gracias a su furtividad. Y mientras, por ejemplo, las V-2 llegaron a consumir un tercio de la producción total de alcohol del Tercer Reich, para elaborar su combustible, un sumergible de apenas cinco – seis toneladas  de acero podía hundir barcos que costaban millones de libras, con cientos de tripulantes a bordo, arriesgando la vida de un solitario submarinista alemán. En teoría, una relación coste-eficacia muy favorable. Seguir leyendo “Peces espada contra castores: Los Swordfish contra los submarinos enanos alemanes”

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Los desertores de Stalin. Cómo los soldados del ejército rojo terminaron colaborando con Hitler

Edele, Mark: Stalin’s Defectors: How Red Army Soldiers became Hitler’s Collaborators, 1941-1945. Oxford University Press, Oxford, 2017. 254 páginas 70 € (más o menos). Versión digital, 49 €,

Bonus pack: https://iremember.ru/en/

Cuando en 1998 Beevor publicó su libro sobre Stalingrado, una de las novedades que presentaba ante sus lectores era el enorme número de exprisioneros del ejército rojo que colaboraban, e incluso combatían con el ejército alemán. Otra de las tesis sostenidas mayoritariamente por entonces, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, era que el ejército de la Unión Soviética, después de las enormes pérdidas de 1941, debidas a motivos puramente militares, se había convertido en un ejército fuertemente concienciado políticamente, con una enorme proporción de miembros del partido y de sus juventudes, y que gracias a su entusiasmo socialista había alcanzado la victoria.

Ambas afirmaciones no es que fueran contradictorias, sino que habrían más interrogantes de los que cerraban. ¿Por qué tomaron los alemanes al comienzo de Barbarroja a tantísimos prisioneros? ¿No se suponía que el ejército rojo, después de las purgas, estaba formado sólo por fanáticos estalinistas? ¿Por qué el NKVD seguía siendo tan enorme? ¿Cuántos se rendían sin disparar un solo tiro? ¿Cuántos cruzaban las líneas, desertando sin más? ¿Cuántos, de ambos colectivos, colaboraron con las fuerzas armadas alemanas? ¿Por qué motivos? ¿Cuántos, incluso, cogieron las armas contra sus antiguos compatriotas?
Las respuestas las proporciona en este librito Mark Edele, historiador alemán que desde la universidad de Australia Occidental lleva años desentrañando el alma soviética del siglo XX. El punto de partida lo pone en Ivan Kononov, un comandante de cosacos que se entregó con toda su unidad sin entrar en combate, y que tras varias peripecias colaborando con la Wehrmacht, y en la lucha antipartisana en Yugoslavia y norte de Italia, terminó en Australia, intentando hacerse útil ante el ejército australiano en la guerra fría.
Fuera de quienes se dejen llevar por sus anteojeras ideológicas, las conclusiones de Edele son sólidas y están perfectamente justificadas. No es imposible, pero sí muy improbable que aparezcan nuevas fuentes documentales sobre esta cuestión, pues si bien los archivos soviéticos en la práctica están cerrados a los extranjeros, Edele ha consultado en este caso las copias de los expedientes de los interrogatorios de los travniki y otros colaboracionistas que compró en su día el Us Holocaust Memorial Museum.  Eso sí, no busquen un análisis cuantitativo exhaustivo, pues llevaría décadas. No están todos los expedientes que guardan los soviéticos, pero sí miles de ellos, cada uno de ellos de decenas o centenares de páginas, escritas muchas veces a mano. Aparte están los interrogatorios realizados por los alemanes, abundantes a partir de marzo de 1942. El gran agujero es Barbarroja, pero en 1941 a la Wehrmacht le importaba poco que los prisioneros se hubieran rendido o hubieran desertado voluntariamente, estaba demasiado ocupada intentando ganar una Blitzkrieg, y la URSS el no perderla. Aunque algún mandamás del Abwehr o de la GFP hubiera querido saber el número exacto de prisioneros tomados en los primeros meses, y sus motivaciones, le habría resultado tremendamente difícil, aun contando con recursos suficientes, saber las motivaciones de los ivanes, pues casi el 80% se rindieron en embolsamientos sin disparar un sólo tiro. En 1941, por cada soldado soviético muerto en combate, había tres o cuatro que preferían rendirse. No sabían qué trato les darían los alemanes, pero sí lo que dejaban en la retaguardia.
Las conclusiones de Edele señalan que, incluso al final de la guerra, una minoría significativa de los prisioneros del frente del este eran desertores, que cruzaban voluntariamente las líneas enemigas. Establece un mínimo del dos por ciento, que pueden parecer pocos, pero incluso ese mínimo dos por ciento supone centenares de miles de hombres que tomaron voluntariamente la decisión de cruzar las líneas enemigas para entregarse en manos de los invasores de la madre patria, con un considerable riesgo para sus vidas. Otro millón y medio desertaron hacia el interior de la URSS, y fueron detenidos por los servicios de seguridad soviéticos. Unos 212.000 tuvieron más suerte y consiguieron ocultarse entre la población civil, y no fueron encontrados.
En comparación, en los ejércitos occidentales desertaban un 0,02 % de soldados, pero sólo hacia su segura retaguardia. En la práctica el Us Armysólo fusiló a un desgraciado por negarse a reincorporarse al frente, una historia bastante conmovedora que contó Maclean hace tiempo.
Como siempre, ver sólo los porcentajes puede resultar engañoso, pues cuando menos prisioneros se capturan, la proporción de los desertores aumenta, y sorprende comprobar, por ejemplo, que en la segunda mitad de 1944 nada menos que el diez por ciento de los prisioneros capturados por una Wehrmacht en retirada eran desertores.
Las tasas de rendición del ejército rojo lógicamente fueron disminuyendo, pero siempre fueron mayores que las del resto de contendientes. Consuelo para los sovietófilos: son semejantes a las de la primera guerra mundial. Hasta el mismo año de 1945 fue un problema importante, y la principal preocupación del NKVD. Pero igual que no todo el ejército soviético era un bloque motivado por el amor a la patria y al padrecito Stalin en la lucha contra el invasor fascista, los desertores no eran heroicos resistentes contra la barbarie comunista y los opresores nacionalistas rusos, sino que respondían a sus propios intereses. Como señaló un interrogador alemán en marzo 1942, si todo lo que contaban los desertores fuera cierto, hace tiempo que toda la URSS habría muerto de hambre y frío. Los desertores tendían a contar  lo que creían que querían oír los alemanes, a quienes poco interesaba el que les contasen su propia propaganda, y sólo buscaban información táctica útil.
No me alargo más, por no caer en spoilers. En definitiva, con el permiso de Reese, un interesantísimo estudio, fundamental para entender el frente principal de la segunda guerra mundial, y el fenómeno de los hiwis, que ante todo buscaron sobrevivir entre los dos estados totalitarios más poderosos que haya conocido el planeta. No lo tuvieron fácil. Más que héroes o traidores, fueron seres humanos atrapados entre dos enormes organizaciones sobre las que no sintieron ninguna lealtad, pues a su vez nunca sintieron que les importase su vida. Eran carne de cañón para ambos lados del frente. Complementar esta lectura con el tocho reciente de Thomas Kühne, o con el estudio del mismo Edele de la sociedad estalinista es voluntario, pero casi obligatorio para quien escribe estas líneas. Seguiremos informando.

De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia…

 

 

Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.

 

A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando…

El invierno no es tu camarada

camarada-inviernoXose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama “nueva historia militar”, una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos “de las mentalidades” lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.
Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas… (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío.
Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos…) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas…). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer.
Y no es para tanto. No me parece que Xeisas “mate al padre” con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza.

El rodaje de "Amberes 1944" comenzará en septiembre

Tras una dura pugna con Dreamworks Playtone (de Tom Hanks), Cruise/Wagner Productions se ha hecho con los derechos de Antwerp 1944, una guionización del libro del mismo título, publicado por la Editorial Almena el año pasado.

Aunque Tom Hanks se retiró de la puja, seguramente por lo avanzado de su proyecto In the Garden of Beasts, aún es posible que se incorpore al reparto en el papel de Christoph Klemens Maria Johannes Baptist Graf zu Stolberg-Stolberg, pues le resultaría imposible desarrollar el que más le interesaba, como el ecuánime Von der Heydte.

El reparto, a falta de algún imprevisto, ya está prácticamente decidido. Tom Selleck volverá a ser Dwight D. Eisenhower, y Bruce Phillips, Montgomery. Las valientes enfermeras amberinas, de momento serán Megan Fox, Jennifer Lawrence, Kate Beckinsale y Emilia Clarke, con la posible participación de Clara Lago si se confirma la coproducción española. En este caso es posible que Dani Rovira tenga un papel como el capitán canadiense novato Cecil Law.

Brad Pitt en el papel de “Pip” Roberts, aunque en la ficción mandará una división estadounidense.

Brad Pitt encarnará a “Pip” Roberts, y aún no se ha decidido quién interpretará a Colson, pero el papel estelar se lo reserva Tom Cruise, que representará al intrépido y atractivo escritor que, en la actualidad, investiga la batalla y va encontrando las claves que han silenciado su auténtica importancia. Una conspiración multinacional del silencio, cuyo misterio se revelará sorprendentemente en el último minuto, aunque dejará varias puertas abiertas para continuar como franquicia. Está prevista una serie de dibujos animados, álbum de cromos, línea de juguetes y figuras articuladas coleccionables.

Tom Cruise, en el papel del intrépido historiador Paul Caves.

Antes del interés internacional por el proyecto, Daniel Calparsolo estuvo perfilando un proyecto más modesto, con Nicolas Cage de protagonista y  Najwa Nimri, Patricia Vico y Cristina Pedroche como enfermeras.

Kate Beckinsale en una prueba de vestuario.

El autor está en la actualidad en Bali, preparando la segunda parte, mientras reforman el torreón que se ha comprado en el Bierzo. Una de las partes más difíciles de la negociación fue que aceptase que todos los textos, carteles, etc., que aparecen en la película estuvieran en inglés y no en los idiomas correspondientes, y que no le dejaran diseñar los títulos de crédito. “Deseamos que se estrene en esta década”, se han justificado los productores. “Si esperamos a que Cuevas seleccione la tipografía para los títulos de crédito, difícilmente terminaríamos antes del 2020. Es posible incluso que antes actualice el diseño de su blog”.

<El rodaje comenzará en septiembre, de 2016, pero el estreno se demorará al menos otros dos años, ya que en lugar de CGI la mayoría de escenas de acción se realizará de forma tradicional, con maquetas y modelos a escala realizadas por un equipo dirigido por Antonio Martín Tello, aparte de la colección de Shermans que ha reunido Brad Pitt, y el P-51 propiedad de Tom Cruise.

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Ya están aquí las rebajas del verano (algunas)

Llegan los calores del verano, las editoriales intentan limpiar sus almacenes, y sacan al mercado de ocasión títulos, en ocasiones, tan interesantes como la Biografía de Goebbels de Peter Longerich, un mamotreto que promete horas y horas y horas y horas de lectura. Y diversión.

Llévelo consigo a la playa o a la piscina, y sea centro de atención y comentarios de propios y extraños. Al mismo tiempo, hará deporte. Mucho. Porque estamos hablando de casi dos kilos de peso con sus 1050 páginas, con tapa dura y sobrecubierta. Y fotos en papel couché, como debe ser. Y todo por menos de seis euros, señores, apenas 5,95. Aun si no les interesa no deja de ser una inversión interesante para cuando llegue el apocalipsis greco-zombie y debamos alimentar una hoguera. Algo que sin duda hará mucha ilusión al biografiado.

Otro título interesante, por lo menos de los que de momento he visto, de venta en grandes almacenes, sección ofertas, es el clásico El oro de Moscú y el oro de Berlín, de Pablo Martín Aceña, reedición del 2012 del mismo título publicado por Taurus en el 2001. Abulta la mitad, pero que yo sepa sigue siendo lo último publicado sobre la materia, sin conocer si Viñas va a volver sobre el tema, o va a reeditar sus obras, por supuesto.

Imagino que habrá más, según avancen las fechas y yo visite más sitios. Seguiremos informando.

Sólo para gourmets

Hay otros libros sobre las Waffen SS, pero no están dentro de este. Y mira que es grueso.

Jean-Luc Leleu: Waffen SS. Historia completa de las tropas más temidas de la Segunda Guerra Mundial. Traducción de
Carlo Caranci de La Waffen-SS : Soldats politiques en guerre (2010). La esfera de los libros, Madrid 2013. ISBN 9788499708942. 1 300 páginas, cartoné. 39 €

En nuestro idioma se han publicado muchísimos libros sobre las Waffen SS. La mayoría están profusamente ilustrados, a veces con pies de foto correctos. Con una excepción, que yo sepa, todos mantienen su puntito de políticamente correctos, recordando en un párrafo (o dos páginas) alguna de las atrocidades más famosas cometidas por estas tropas.

 Generalmente, el texto está redactado para un público culturalmente anglófono, y trazan una historia más o menos coherente sobre el nacimiento y desarrollo de este ejército político privado, reflejando de paso algunas de las fobias y filias del autor, sobre algún personaje o unidad. Casi siempre se incluye una guía de equipamiento, insignias y uniformes, que en realidad muchas veces son lo que motivan su compra por parte de modelistas, pintores de figuras o coleccionistas.

 La obra de Leleu se sitúa en las antípodas de esos libros.

Mil trescientas páginas, y casi dos kilos de peso. Sin fotos en la edición española, aunque con un apéndice de noventaipico páginas de gráficos y estadísticas; por algo Leleu trabaja en el Centro de Investigación de Historia Cuantitativa de la Universidad de Caen.  De hecho, aunque no sé si al mencionar esto aumento o disminuyo su atractivo, de esas 1 300 páginas unas cuatrocientas son de notas, bibliografía y apéndices. Sin índice analítico. Y todas ellas para narrar lo que el editor llama “la historia completa de las tropas más temidas de la segunda guerra mundial,” aunque no en el sentido usual del término. Nada de desarrollos de la institución, batallas, o mapas con unidades moviéndose en campañas. Nada de anécdotas de veteranos, o citas de generales. Aunque el traductor se esfuerza en hacer el libro más accesible, con notas sobre qué pasó en Dieppe en 1942, o dónde está la Turquía Suaba, aquí nadie te explicará qué era el HSSPF o la Reichsfürung-SS. Cuando se mencione a Berger, a Eicke o a Hausser, no digamos Dietrich o Panzermeyer, el autor da por sabido que conocemos perfectamente no ya su biografía, sino el cargo concreto que ocupan en las fechas en las que los menciona. Aparte de la cronología, también da por sabida la bibliografía anterior. Los debates, ya muy superados, entre admiradores y detractores de los Waffen-SS, aquí ascienden a otro nivel: la comparación con las ya no tan impolutas fuerzas armadas alemanas.

 No es un libro para pusilánimes. Como las Waffen-SS en sus inicios (es decir, cuando no se llamaban así) es ferozmente elitista y sólo está al alcance de los elegidos; de hecho, es la tesis doctoral de Leleu, no sé si ampliada o sólo actualizada, ya que integra con soltura la bibliografía más reciente, incluso las obras  aún no publicadas de autores como Trang. Al mismo tiempo es muy respetuoso con autores de los años sesenta, como Höhne o George Stein, y considera que su trabajo apenas ofrece matizaciones sobre los anteriores.

Pero qué matizaciones… las diversas facetas del reclutamiento se llevan 350 páginas. El equipo no llega a cien, mientras los aspectos morales e ideológicos las superan ampliamente. No sigo desgranando el índice, que a fin de cuentas está a disposición de cualquier posible comprador; baste advertir aquí que no encontraremos combates o listas de unidades. Esto es historia cuantitativa, y lo que importan son los datos, puros y duros, y cómo interpretarlos. Por poner un ejemplo, el lector se enfrentará a la paradoja de que la mayoría de miembros de las SS generales antes y durante la guerra prefirieron incorporarse a la Wehrmacht, y no a su propio brazo armado. Ciertamente es un hecho ya contemplado por ejemplo, por George Stein, y que registra hasta Lumsden, pero que Leleu puede desgranar con precisión milimétrica y estadísticas a mano. Estadísticas, por cierto, en muchos casos ya preparadas en el departamento de estadística de las SS, por el equipo que dirigía el famoso y eficiente Richard Korherr.

 Esto no implica que no se analicen asuntos más inmateriales como el sistema de valores de las Waffen-SS. Y no siempre de forma negativa; por ejemplo, estamos habituados a la idea de que, al instituirse un sistema separado de justicia para sus miembros a partir de 1940, se evitaba el posible bochorno de ser encausados por alguna que otra masacre; pero no con la consecuencia de que sus tribunales fueran mucho más duros que los del ejército en temas criminales como el robo, la deserción o los crímenes sexuales. Las penas de muerte muchas veces se intentaba que fueran útiles en un batallón de castigo, pero cuando se buscaba la ejemplaridad se ejecutaban de forma sumaria, como en casos de homosexualidad, o el de cinco miembros de la Leibstandarte por un robo de gallinas en Flandes, lejos de todos los frentes, en la primavera de 1944.

¿Cómo se pasó de un puñado de guardaespaldas a un ejército privado que casi llega al millón de miembros? Aquí Leleu pone la atención en el genio rapaz de Berger, más que en Himmler o en un condescendiente Hitler. La supuesta rivalidad con la Wehrmacht, analizada día a día, resulta más una invención de la posguerra que una animadversión real y sentida. Lo cierto es que a las instituciones de la Wehrmacht, fuera de casos puntuales, no le incomodaban demasiado las actividades de las Waffen-SS a la hora de distraer recursos o reclutas, aunque prefería que los buscase en graneros externos a los suyos. Al final de la guerra no dudó en ponerlos de ejemplo y modelo ante sus reclutas.

Y así va desgranando uno a uno todos los juicios de valor que hasta ahora se tenían sobre esta formación, que abarcaba desde las mejores y más selectas unidades que podían concebir Hitler y Himmler, a aquellas formadas por los más alejados del guerrero germánico ideal, como los musulmanes bosnios, los prisioneros indios o los ucranianos de la Galitzia (y más allá).

 Después de que, a principio de siglo, Bartov, Overy, Johnson, Evans, Netzel Aly (y los documentales de Knopp, y las miniseries de la ZDF) hayan demolido el mito del ejército alemán como un ente apolítico alejado del nazismo, Leleu se enfrenta con la paradoja de unas Waffen-SS no demasiado distintas del resto de fuerzas armadas alemanas, tanto en los aspectos ideológicos como en los militares. De hecho, mientras el Heer (y en general toda la Wehrmacht) con la evolución de la guerra se iba nazificando, insistiendo sobre todo en el liderazgo mesiánico de Hitler, las Waffen-SS por el contrario se volvían cada vez menos ideológicas. Por un lado, aceptando a reclutas de cualquier procedencia, pero por otro insistiendo en su propaganda en temas más nacionalistas y patrióticos, y menos en zarandajas revolucionarias. Himmler en particular mostró siempre un gran pragmatismo político a la hora de situar más y más reclutas bajo sus órdenes, que no, ojo, bajo las runas aún sagradas de las SS a secas. Y era capaz de justificar las más atroces matanzas ante un público entregado, como el personal de la Leibstandarte, para a continuación negarlas como simple propaganda aliada frente a los miembros de la 17º división Götz von Berlichingen, en buena parte alsacianos nacidos en 1926.

 El interés del libro se incrementa capítulo a capítulo, por lo menos para el que escribe esta reseña. Y no son sólo los gráficos y las tablas, también están las conclusiones finales, que no vamos a desgranar aquí.

Aún así, ni siquiera en ese sentido es una “historia completa” como subtitula la edición española; su interés está centrado en las divisiones que lucharon en Francia en 1944, sobre todo la 2ª, 9ª, 10ª y 12ª. Aunque dedica mucha atención a los variados contingentes volkdeutsche, los amantes de las divisiones exóticas apenas encontrarán que se las mencione alguna vez, lo cual no es extraño en tanto que intenta centrarse en el núcleo duro de divisiones que consiguieron para las Waffen-SS su reputación, una reputación que veremos muy semejante al de otras unidades con conciencia de élite, y que como en ellas estaba sustentada en buena parte por los medios de comunicación. Tampoco presta mucha atención a unidades como la Totenkopf, la Wiking, o en general a lo que ocurría en el frente del este.

En cuanto a los defectillos editoriales patrios, los de siempre, alguna que otra errata en el texto, y en los cuadros finales. Los gráficos se nota que se han realizado a color, y su conversión a grises es a veces algo confusa. Rechina que se llame “fusil ametrallador” a ametralladoras de cinta como las MG 34 y MG 42, pero seguramente el culpable es el uso de Leleu del término, lingüísticamente correcto, de fusil mitrailleur. Y sobre todo, se echa muy de menos la inclusión de un índice analítico.