El profesor finlandés y el imperio oculto de las llanuras de Texas

Pekka Hämäläinen: El imperio comanche. (The Comanche Empire, 2008). Traducción de R. García Pérez. Península. Barcelona, 2011. 772 páginas.

Antonio Hernández PalaciosFernando Martínez Laínez, Carlos Canales Torres o Alber Vázquez nos han familiarizado con la historia del “oeste español”. Aunque más bien deberíamos hablar de la historia del norte del Virreinato de Nueva España.

Poco conocida a ambos lados del Atlántico, la exploración y colonización española de América del Norte llegó hasta la actual Alaska, pero también posibilitó la creación, según Pekka Hämäläinen, de un auténtico imperio comanche, un imperio de nómadas, sin emperador u organización permanente, pero que dominó al resto de sus vecinos, incluyendo europeos, a los que impuso su modelo cultural y económico. Aun sufriendo periódicas epidemias de viruela y otras enfermedades, más graves para los nativos que para los occidentales,  Hämäläinen demuestra en este libro, que ha ganado todos los premios posibles, que quienes cortaban el bacalao eran los comanches, y no los blanquitos, que poco menos servían para proporcionar esclavos, herramientas, y productos agrícolas que los comanches no se rebajaban a producir.

Ni españoles ni franceses, ni después mexicanos o angloamericanos consiguieron juntar suficientes fuerzas como para penetrar en su territorio y golpear con fuerza suficiente alguno de sus (temporales) asentamientos, mientras los comanches hacían incursiones incluso 400 km al sur de río Grande. Y mientras robaban en Texas, en Santa Fe vendían lo que les sobraba de ese saqueo. Los gobernadores españoles, y más adelante mexicanos, pronto llegaban a la misma conclusión. La única forma de que sobreviviera la colonia era comerciando con los comanches, haciendo grandes regalos a sus jefes y haciendo la vista gorda ante el saqueo de la hacienda de enfrente, que por supuesto, siempre había sido obra de jóvenes incontrolados ajenos a la tribu que ahora ofrecía, por un buen precio, el rescate de algún prisionero.

Con permiso de los sioux, posiblemente fueron la nación indígena que mejor supo aprovechar el cambio que supuso para sus sociedades la llegada del caballo, y más adelante de otros productos del viejo mundo, como las herramientas de hierro o las armas de pólvora. Pero en lugar de someterse a un nuevo sistema de valores e intentar imitar la vida y costumbres de los blancos, como hicieron los Pueblo o incluso los apaches,  los comanches emplearon sus nuevas habilidades para la caza del bisonte, la cría de caballos… y la rapiña de sus vecinos, menos hábiles en la guerra en las llanuras. Hämäläinen incluso se complace en describir a ciboleros (no se extrañen que no figuren en la wikipedia española) a los que cuesta distinguir de los comanches, hasta tal punto han adoptado sus usos y costumbres.

Los indios sedentarios y los europeos nada podían hacer desde sus asentamientos permanentes contra los comanches, fuera de ocasionales incursiones de castigo que tanto nos gusta leer como grandes triunfos de los dragones de cuera... pero que no pasaban de logros temporales. Al final los rápidos (y numerosos) comanches imponían su ley ante unos poderes europeos demasiado débiles y dispersos, y que en realidad dependían de ellos para su supervivencia, gracias al comercio y al sistema de regalos, que en las películas se suele mostrar como una costumbre algo estúpida, pero que en realidad era un sistema de tributos (y, me atrevo a decir, vasallaje) perfectamente ritualizado.

Ta-wáh-que-nah, jefe comanche. Óleo de George Catlin, 1834. Según Catlin los pelos de su barba llegaban a los 8 cm, pesaba unos 140 kg, y era incapaz de montar en ninguno de sus 1500 caballos. Hämäläinen menciona otros casos semejantes.

Los comanches saqueaban a los sedentarios hasta cierto punto, permitiendo que se recuperaran periódicamente, pues no tenían intención de ponerse a cultivar maíz, o criar mulas, y también necesitaban dar salida a ocasionales superávits de caballos o esclavos.  Como dueños de las mejores praderas, y como ladrones, perdón, como consumados recaudadores de impuestos, sus relaciones con otras tribus nómadas fueron pasando de alianzas entre iguales al vasallaje o a la expulsión. Como el resto de las culturas de su entorno practicaban la adopción, pero además, y como buen imperio, su modo de vida era imitado y adoptado por muchos de sus vecinos. Sólo fueron implacables, por lo que cuenta el finlandés, con los apaches, que lo cierto es que hasta dan pena en esta época de su historia.

Aunque la tesis de Hämäläinen no es completamente inédita, y él mismo cita a algunos precursores en ver este gran imperio invisible ya en los años cincuenta, confieso que he estado buscando alguna falla a su tesis, o por lo menos a algún autor que le discutiera. Algo. Y no lo he encontrado. Pero a falta de una superproducción que ponga a los comanches en su sitio en la historia, y borre de nuestra imagen colectiva a los ingenuos salvajes de tantas películas de John Wayne, este voluminoso tocho merece un lugar en nuestras bibliotecas. La edición de Península, como siempre, excelente.

His-oo-sán-chees, jefe comanche, de nacimiento Juan Sánchez. Óleo de George Catlin, 1835. 
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Rebajas en e-book

Para los  que tienen un kindle, o incluso otro lector de e-book (y ganas de convertir el formato y saltarse el DRM)… ahora mismo y hasta Reyes (se supone; no he encontrado una fecha concreta por ninguna parte) se pueden comprar más de 200 libros (concretamente 209) con descuentos, más o menos importantes. Hay muchísima novela histórica y algunos de historia a secas, sobre todo divulgativa. Entre muchos otros, podemos encontrar libros de Javier Cercas, Javier Negrete, Jesús Hernández e incluso, ejem, Pedro J. Ramírez, entre 0,99 y 1,99 € (y el libro de Pedro J tiene más de 1200 páginas)… También hay un montón de libros de Chaves Nogales, aunque no tan baratos, como puede verse en las capturas adjuntas.
Recordad también que antes de comprar un ejemplar se puede descargar un fragmento del libro, más o menos significativo según el editor, que ayude a decidir la compra. Y que sigue habiendo ofertas diarias en ocasiones muy interesantes, como el segundo tomo de las memorias de Alcalá Zamora (a 1,99 € el 7 de noviembre).
Para los que aún no tienen lector de e-book especializado, pero aún así les puede el afán de consumismo y la compra compulsiva de productos rebajados, recordad que en cualquier ordenador/teléfono/tableta se pueden instalar las aplicaciones de lectura de Amazon, donde leer, anotar y archivar en la nube los libros que compremos, aun no teniendo un Kindle.

Los saldos de este verano

Ejem.. como siempre (es decir, tarde y mal) comentamos los saldos que este verano más o menos pueden encontrarse en librerías especializadas, grandes almacenes y puestos callejeros. Por lo que he visto, abundan los títulos de editoriales del grupo Planeta, incluyendo, me temo, casi todo el catálogo de la editorial Militaria. Entre tanto bestseller lo cierto es que se incluye una gran cantidad de novela histórica e histórico-bélica, unos pocos libros de historia militar, preferentemente relacionados con películas y series de TV, y algunos de historia general a mi juicio valiosos, como biografías y varios títulos de González Suárez de Espasa. Siguen en venta la mayoría de los títulos que en abril salieron de Ariel, incluyendo Austerlitz y La batalla de Inglaterra de Bungay. A estos libros se han añadido más de esta editorial como el Alejandro de Cartledge, Banderas de nuestros padres de Bradley, y Diario de un marine de Sledge, que interesará a quienes haya gustado la reciente miniserie de The Pacific.

También se encuentran números de la colección de quiosco RBA-Gredos, yo por lo menos he visto que se pueden comprar completos todos los tomos de la Historia de Heródoto, la guerra del Peloponeso de Tucídides, o varios de Jenofonte. Aunque la edición es de quiosco, por lo menos estos títulos en concreto cuentan con todo el aparato crítico.

Muchos de estos libros, en especial los de Crítica, ya están en bolsillo, pero esta es una buena oportunidad para adquirirlos en tapa dura por prácticamente el mismo precio, como La batalla del Ebro y La batalla de Madrid de Reverte. Este año abundan los títulos referentes a la guerra civil, incluyendo la novela de Sánchez Dragó sobre su padre, un gran número de biografías más o menos clásicas (el Lerroux de Álvarez Junco, Largo Caballero de Fuentes, la de Alcalá Zamora anteriormente en Ariel, etc.) lo que hace sospechar que empieza a saturarse el mercado con tanto título sobre esta guerra.

Confieso que, personalmente, este año no he comprado ninguno, ya tenía todos los que me podían interesar, lo que no sé si dice algo bueno de mi juicio o de mi bolsillo. Aprovecho la ocasión para recomendar un título que no llamó demasiado la atención en su día, y del que desgraciadamente descuidé hacer una reseña: los negocios de la guerra. Armas nazis para la república española de los profesores daneses Heiberg y Pelt. Una notable investigación de la trastienda del tráfico de armas y municiones durante 1936-39 desde Alemania, pero también otros países, en especial Grecia, con destinos diversos, además de España. Entre sus interesantes conclusiones recuerdo la de que Italia se vió debilitada por su implicación en la península, mientras que la Grecia de Metaxas aprovechó para renovar su capacidad bélica, en especial la fabricación de munición. Un trabajo notable de historia económica, que me temo pasará desapercibido entre novelas sobre conspiraciones nazis y grandes guerreros enemigos de Roma.

¿Ha explotado la "burbuja militaria"?

Buenas noticias para nuestros bolsillos, y no sé si malas para el panorama editorial. Ediciones Inédita/Malabar ha saldado una buena cantidad de sus fondos, tanto de libros que ya habían sido reeditados en colecciones de quiosco o de bolsillo, como de los demás. Si no me equivoco, los más recientes son las memorias de W. Anders, Sin capítulo final, aparecido en junio de 2008 y la 3º edición de Recuerdos de un soldado, de Guderian, de abril de 2008.

Dependiendo del puesto donde se encuentren, los precios PVP oscilan entre los 4,95 y los 9,95€, independientemente del precio inicial. Entre otros, están prácticamente todos los títulos reseñados en este blog: Pacific Alamo, La batalla de Iwo Jima, Los últimos nazis, El Octavo Ejército, La marcha de la muerte, Historias de guerra, y muchos más: Guerreros, de Glen Gray, Kursk 1943 la batalla decisiva, de Álvaro Lozano, La guarida del lobo, de Juárez, Una guerra olvidada, Marruecos 1959-60, de Acaso Deltell, Batallas decisivas de Weir, Zulú, de Roca, Monte Cassino, de Parker, El Alamein, de Latimer, Afrika Korps, de Carell, El soldado olvidado, de Sajer, y algunos más que no recuerdo o que no habré visto, además de títulos de actualidad y algunas novelas históricas.

En los quioscos también hay movimiento; los Osprey de la segunda guerra mundial se vuelven a distribuir aunque con un periódico, ABC; Altaya vuelve a distribuir su colección Memorias de guerra, desde el principio, y RBA saca ahora una nueva selección de Ospreys, en este caso una amplia selección de prácticamente todas sus colecciones (Warrior, Men-At-Arms, Fortress, Essencials, etc.) sobre Grecia y Roma… En definitiva, buena época para los fabricantes de estanterías, no sé yo para nuestra tarjeta de crédito…

Redistribución de colecciones de kiosco

Por lo menos en Madrid se está volviendo a redistribuir desde el primer número, el Stalingrado de Beevor, la colección de RBA “Grandes batallas”. Como no he visto ninguna campaña publicitaria puede que sea algo “local”, no olvidemos que no siempre estas colecciones salen sincronizadas por toda España, como bien saben los que viven en Zaragoza o Canarias.

No, no soy Gary Brecher y no he escrito este libro

Brecher, Gary: Hazañas y chapuzas bélicas. Los libros del lince, S.L. Barcelona 2008, 318 pgs. (Traducción de Luís Murillo Fort: The war nerd, Berkeley, California, EE. UU. 2008).

Mientras que a algunos les atribuyen la paternidad del embarazo de ministras resultonas, a mí me acusan de inventarme alias anglosajones para publicar libros… Ah, estos jóvenes periodistas, cómo entiendo a Aznar. Uno intenta retirarse del mundanal ruido, dejar paso a jóvenes barbudos como Mariano, pero al final hay que volver a la palestra, atajar rápidamente los rumores y no dejarlos crecer. Así que lo siento, debo aclararlo cuanto antes; yo no soy Gary Brecher ni (desgraciadamente) tengo relación alguna con Enrique Murillo, editor de la edición española, ni con la ministra Rachida Dati. Ya sé que ambos (Brecher y yo, no Rachida y Murillo) tenemos ciertos problemas de sobrepeso, pero que conste que lo mío no es de nacimiento, me ha costado años y años de sedentaria dedicación. También coincidimos en sentirnos absurdamente atraídos por las guerras y los conflictos, y en tener un trabajo bastante aburrido y, sí, también se me puede aplicar el término de nerd, aunque yo sí me he vestido de uniforme (poquísimo tiempo y por obligación, no se crean). Pero ignoro si mis escasas capacidades sociales son parecidas a las de Brecher, y desde luego no he vivido en Fresno, California. Qué más quisiera.
Una vez aclarado este asunto he de confesar que sí, que el libro me empezó gustando. Las reseñas en la blogosfera hispana, de momento, han sido elogiosas, cielos, uno hasta lo nombra “libro del verano“.
Brecher existe. Tiene su columna, incluso su propia entrada en la Wikipedia. Pero la verdad, respecto a la frase de la portada, no le veo tan “experto”, aunque sí tan “irreverente” para ser un “nacionalista norteamericano”. En los foros en español tenemos decenas de expertos que le pueden dar sopas con honda. Incluso en lo que conozco de los foros en inglés, tampoco es tan difícil encontrarlos, no digamos ya en la blogosfera; lo que no tenemos, quizás, es el valor de atrevernos a ser tan sinceros como Brecher. Y es que los riesgos de meter la pata escribiendo más de 300 páginas sobre conflictos contemporáneos que nadie sabe muy bien cuándo han empezado, si han terminado o no, y mucho menos quién ha ganado, y qué, son evidentes. Sus “leyes de la guerra moderna” (yo diría pos-pos-moderna), son insultantemente certeras, sencillas e irrefutables. Lo cierto es que al leerlas todos nos damos cuenta de que son ciertas, pero que nadie se atrevía a “escribirlas” en alto. (están al final del libro, y en su entrada de la wikipedia).
Entre los comentaristas españoles se le ha criticado bastante cómo cuenta “lo de Perejil”, o que describa la España actual como “un parque temático sin carácter”; faltos de humor para ver la paja propia en el camello ajeno, lo cierto es que Brecher no trata mejor a Carter o al resto de europeos, unos acomplejados como los daneses, que debían haber bombardeado como mínimo a Siria por el asunto aquel de las caricaturas. La chispa de Brecher hace su lectura muy rápida y gratificante, como los tebeos de Boixcar en los que se basa el título en español. Y como en ellos la simplificación resulta excesiva. La documentación, correcta en un primer vistazo, es muy poco consistente si te fijas un poquito.
Desde luego no incluye ni de lejos toooodos los conflictos más o menos actuales, ni los “famosos” (ni una palabra casi sobre guerras “de verdad” como Granada o las de Yugoslavia) ni tampoco de muchas menos famosas, y mira que a la “guerra del fútbol” o a los choques Ecuador-Perú se les puede sacar jugo…
Es una pena que el acumular años y kilos no suponga también atesorar sabiduría…. ¡Brecher y Schwejk contra el mundo! pero al final siempre me pasa lo mismo con libros de este tipo; lees su descripción sobre guerras que no has seguido demasiado, Liberia o Etiopía, y te parece agudo y certero; luego lees sobre los que sí has seguido (Congo o Chad) y el entusiasmo va disminuyendo. Pero cuando te enfrentas a los que sí conoces un poquito, como el del Sahara, la cosa cambia. No digamos cuando Brecher hace tímidas incursiones en el campo de la historia; a la hora de presentar cinco, simplemente cinco grandes victorias francesas de todos los tiempos, incluye algo como la “batalla” de Monongahela (de unos 2.000 participantes juntando ambos bandos, una treintena eran franceses). Y lo siento mucho, Carlos Martel no era, ni fue nunca, rey de Francia, como puede comprobarse incluso en la Wikipedia en inglés.
La originalidad de Brecher se sustenta en tres pilares: como “patriota tradicional a lo Eisenhowher” se permite reírse tanto de los pacifiidiotas izquierdistas, como de los “halcones” que aplauden cualquier brutalidad de su gobierno (de EE.UU, se entiende). Se atreve a decirnos verdades que no por obvias son menos valientes. Y es capaz de resumir hechos muy complejos en muy pocas frases.
Pero el simple tribalismo no siempre lo explica todo. Cinco minutos ante Google son suficientes para encontrar errores en cualquier capítulo, e incluso un nerd debería saber que la guerra, a veces, no es graciosa. Y el mundo, (la religión, la gente, la guerra) son mucho más complejos y tienen muchas más aristas que una puñetera joya de Swarovski.
En resumen, al estilo Brecher:

  1. Si no eres un maldito empollón de las guerritas (no te has enterado de que los F-117 han sido retirados de servicio, peor aún, no sabes qué es un F-117), disfrutarás más este libro. También si eres flaco y no sabes qué es un foro de historia militar.
  2. Es ágil y ameno, su lectura es muy agradable, no como esos mamotretos sobre batallas de los que habitualmente hablamos por aquí.
  3. O te reirás mucho, o te sentirás culpable por reírte mucho.
  4. Si participas asiduamente en foros de temas militares y se te había ocurrido arrejuntar tus brillantes comentarios para publicarlos en un libro, lo siento, se te han adelantado.