Pues yo no leía Interviú

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Susana Estrada era más de Lib.

Sí, ya sé que debería llorar por la desaparición de esta revista, (y de Tiempo) pero reconozco que no la compré nunca. Sus desnudos, la verdad, nunca me emocionaron. Frente a las mujeres esplendorosas (¡y los contenidos!) de Playboy o Penthouse no había color. Penthouse sacaba en pelotas a la exmujer de Stallone, Playboy entrevistaba a Norman Mailer… ¿debería preferir ver en porreta al ex director de la Guardia Civil. o a Lola Flores? ¿Los exquisitos relatos de las revistas americanas, con las columnas de Emilio Romero o Vizcaíno Casas? Sí, acabo de mirar en su página web, y veo que entre los columnistas de ahora están nada menos que Millas, o Ramón de España… pero qué quieren que les diga. Uno recuerda la revista de cuando se la cogía a escondidas a sus tíos. Pero sólo la leía en la peluquería de la calle Roma, y porque no era cuestión de andar mirando los desnudos descaradamente.

Para mi yo adolescente, Interviú junto con Lib y Macho, conformaban la trilogía de lo cutre, dentro de mi pequeño negocio de intercambio de revistas pornográficas. Y eso antes del descubrimiento de Private y similares. Nadie las quería, y se cotizaban mucho más bajo incluso que la insulsa Lui.

Más allá de mi ombligo, Interviú (y Tiempo) fueron publicaciones importantes, de las que figuran no ya en la historia de la prensa, sino en la política y cultural del país, Pero yo lo único que recuerdo leer de esas épocas eran los relatos de Dick Pickering, que le vamos a hacer…  Ahora, gracias a internet, descubro que se llamaba Joaquín Pérez Merino. Vaya para él mi recuerdo, y mi sentido homenaje.

Interviú es carne jugosa de hemeroteca. No es que sea una fuente más. Literalmente escribió varios capítulos de la historia de España. Los investigadores futuros tendrán que lidiar con sus señoritas desnudas a la hora de escribir sobre los escándalos políticos que salieron a la luz gracias a sus páginas. Igual que ahora los que miramos las publicaciones de los años cuarenta nos encontramos desde anuncios de sederías y de balnearios a productos para combatir las chinches, o la sarna. Al final, todo es historia.

 

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